El mundo del fútbol español se ve nuevamente sacudido por actos de violencia y amenazas, esta vez dirigidas contra un árbitro. Las autoridades han tomado cartas en el asunto tras la aparición de una pancarta intimidatoria en las cercanías del RCDE Stadium, hogar del Espanyol, antes del encuentro contra el Atlético de Madrid el pasado 29 de marzo. Este incidente ha desatado una investigación policial que ya ha dado sus primeros frutos con la identificación de “sospechosos” vinculados a un grupo radical ultradeportivo conocido como La Curva.
Según el reportaje de El País, la Policía Nacional ha identificado a tres individuos supuestamente involucrados en la difusión de imágenes de la pancarta amenazante, “…según la investigación publicada por El País”. El contenido de la tela, que mostraba la imagen del árbitro Carlos del Cerro Grande con una diana apuntando a su cabeza y la leyenda “SE BUSCA”, ha sido catalogado por las autoridades como un posible delito de amenazas.
La denominada operación “Pitch” se puso en marcha tras las denuncias presentadas tanto por Del Cerro Grande como por la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) y LaLiga. El colectivo arbitral expresó su profundo malestar por estos hechos, calificándolos como “inadmisibles”. En un comunicado, señalaron que esta situación es consecuencia de una escalada de violencia verbal que están sufriendo por parte de ciertos sectores de la sociedad y del propio mundo del fútbol. Criticaron que algunos discursos públicos, lejos de rebajar la tensión, parecen promover este tipo de comportamientos, generando un clima hostil hacia los árbitros. Es importante recordar que los árbitros, aunque a menudo criticados, son figuras centrales en la administración del juego, regulados por el Comité Técnico de Árbitros (CTA) y sujetos a estrictos códigos de conducta.
El detonante de esta situación se remonta a un partido entre el Mallorca y el Espanyol, donde Del Cerro Grande actuó como colegiado de VAR. Su intervención para señalar un penalti, que posteriormente fue decisivo para la victoria del Mallorca, desató la ira del club barcelonés. Tras el partido, el Espanyol emitió un comunicado mostrando su “profunda preocupación” por las decisiones arbitrales, especialmente las tomadas a instancias del VAR, generando una sensación de “indefensión y frustración” en el club y su afición. Posteriormente, tras la aparición de la pancarta, el Espanyol condenó enérgicamente cualquier incitación a la violencia, lamentando que la pancarta cruzara los límites deportivos y personales. El club también enfatizó la necesidad de extremar las medidas para erradicar cualquier tipo de acto violento en el fútbol. LaLiga, por su parte, ha reforzado sus protocolos de seguridad en los estadios, incluyendo el aumento de la vigilancia en las zonas aledañas y la implementación de sistemas de reconocimiento facial para identificar a los aficionados que incurran en comportamientos violentos.
La investigación policial se centra ahora en las personas encargadas de gestionar las cuentas de redes sociales que publicaron las fotografías de la pancarta. Según el Ministerio del Interior, estas publicaciones iban acompañadas de frases injuriosas y amenazantes, así como mensajes que incitaban a la hostilidad hacia el árbitro, exteriorizando una amenaza “real, seria y objetiva” con entidad suficiente para amedrentarle e inducirle temor. Este caso pone de manifiesto la creciente preocupación por la violencia en el fútbol y la necesidad de adoptar medidas más contundentes para proteger a los árbitros y otros actores del juego. La FIFA y la UEFA han instado a las federaciones nacionales a implementar programas de sensibilización y educación para promover el respeto y la deportividad en el fútbol.




