Identidad digital

César Augusto kanashiro Castañeda

Identificar a una persona significa determinar que es esta y no otra. Para ello solemos utilizar atributos únicos de una persona que nos permitan diferenciarla de las demás. El ejemplo más claro de estos atributos es el nombre, puesto que, cuando nos referimos a alguien por su nombre, lo estamos individualizando y singularizando: así, cuando usamos Pedro para referirnos a una persona y no a otra, lo identificamos.

En este sentido, podríamos decir que identificarse es responder a la pregunta de “¿quién es usted?”. Sin embargo, el grupo de atributos que utilicemos para responder esta pregunta dependerá directamente del ámbito en el que estemos identificando a la persona. Por ejemplo, dentro del ámbito universitario, usualmente se toman en consideración el nombre, sexo y fecha de nacimiento registrados en el documento de identidad nacional. Con esta información, la universidad asigna un código de identificación especialmente creado para el alumno que identifica. Sin embargo, para la identificación de esa misma persona en el ámbito de las amistades, puede que baste únicamente con el apodo con el que se refieren a él o ella.

Con la revolución de las tecnologías emergentes y su impacto en el desenvolvimiento de la economía, la banca tradicional ha comenzado un proceso de transformación digital desarrollando nuevos modelos de negocio en los que la ingeniería de productos y servicios financieros se centra en las necesidades del consumidor, que demanda propuestas de valor personalizadas, flexibles y ágiles. La democratización de Internet y la adopción de canales digitales han permitido la entrada de nuevos jugadores en el mercado financiero como Fintech, BigTech y neobancos, que han llegado con modelos de negocio netamente digitales, habilitando transacciones a bajo costo, inmediatas y seguras. Por lo anterior, la transformación digital apoyada en las tecnologías emergentes se ha convertido en un objetivo estratégico de la banca tradicional, a fin de adaptar sus procesos internos y soluciones financieras a las necesidades del consumidor.

La identidad digital es una colección de atributos de identidad electrónicamente capturados y almacenados que describen a una persona dentro de un contexto particular y son usados para transacciones electrónicas. Podemos decir también que la identidad digital es una representación digital de la información que se conoce sobre un individuo específico, grupo u organización. En otras palabras, la identidad digital es la recolección de datos y atributos asociados con la identificación de un individuo en un entorno digital, que le permitan validar su identidad con fines transaccionales, interacciones o representaciones digitales. Imagine que en lugar de cargar con un documento que acredita su identidad -una credencial como el documento de identidad nacional, carnet universitario o carnet de vacunación-, usted pueda autenticarse digitalmente y acceder, de forma segura, a su información personal, tal como su historia clínica, declaración de renta, extractos bancarios, productos financieros, entre otros, a través de un dispositivo vinculado a Internet. Imagine además que usted pueda utilizar su identidad digital para autenticarse y probar que efectivamente usted es quien dice ser en el entorno digital. De esta manera, cuando requiera, por ejemplo, solicitar un crédito a un banco, el banco no le pedirá que responda preguntas reto o que vaya presencialmente a una de sus oficinas para saber que usted es quien dice ser, sino que podrá autenticarse a través de un canal digital.

La identidad digital ofrece a las organizaciones un sistema robusto que integra diferentes tecnologías por medio de las cuales se puede verificar la identidad de los usuarios de una manera ágil y sencilla, garantizando la privacidad, seguridad e integridad de su información.

Ahora bien, si identificarse responde la pregunta de ¿Quién es usted?, autenticarse responde a ¿Es usted quien dice ser? La autenticación es un proceso posterior a la identificación, y requiere de esta última para existir. Podríamos decir que autenticarse es un proceso compuesto, que consta en primera instancia de identificarse, y luego de permitir la verificación de dicha identificación.

El uso de tecnologías cada vez mejor adaptadas a nuestras necesidades, como los mecanismos de autenticación biométrica facial -o reconocimiento facial- como atributo de la identidad digital, hacen posible que usted pruebe que es quien dice ser con tan solo tomarse una selfie, sin necesidad de recordar un alias o nombre de usuario -como el código universitario-, una clave de acceso, cargar con un token de clave dinámica o presentarse presencialmente en una oficina de la entidad ante la que se busca autenticar.

Lo que las personas o empresas publican en Internet, su forma de interactuar, lo que comunican por correo electrónico o publican en redes sociales son piezas que van armando un rompecabezas llamado perfil en la red, que también se puede definir como traza digital. Por eso los esfuerzos deben ir enfocados a proteger, mantener y preservar la identidad, ya que el fraude en sus distintas expresiones y la suplantación de identidad son riesgos que no se deben desatender.