Huayopampa: Cuando el patrimonio se mide en comunicados

La Capilla de Huayopampa no colapsa solo por la lluvia. Colapsa, sobre todo, por la brecha persistente entre lo que se declara desde las oficinas públicas y lo que ocurre en el terreno. La reciente inspección técnica anunciada por la Dirección Desconcentrada de Cultura (DDC) de Huánuco, acompañada de un comunicado oficial, contrasta de forma directa con las imágenes difundidas el 6 de febrero de 2026, que muestran un inmueble en estado crítico, anegado y con protección claramente insuficiente.

Según informó la DDC Huánuco, la visita técnica —realizada por la arquitecta Liliana Mendoza Abal— permitió verificar acciones de prevención y evaluar el estado situacional de la capilla, cuyo techo colapsó en 2024. La institución recordó además que en 2025 se ejecutaron medidas de emergencia como apuntalamiento, reforzamiento de muros y techado parcial de retablos, acciones concebidas como paliativos mientras se gestionaban intervenciones mayores.

El problema es que el deterioro visible hoy pone en cuestión el alcance real de esas medidas. Los muros de adobe presentan erosión severa en su base, con humedad permanente que compromete prácticamente el 100% de las superficies expuestas. En el interior, el agua estancada cubre el piso y favorece la proliferación de vegetación, un indicador claro de la ausencia de drenaje funcional. La cobertura instalada tras el colapso aparece fragmentaria y precaria, con lonas desgastadas que dejan amplios sectores a merced de la lluvia.

Este escenario adquiere una dimensión política cuando se lo coloca junto a los recientes reconocimientos entregados por la DDC a municipalidades que participaron en las iniciativas “Fortaleza” y “Revalorando 2025”, en el marco de la Estrategia de Revitalización Urbana para Zonas Monumentales del Perú. Según la propia entidad, estos programas buscan fortalecer la gobernanza cultural y la gestión sostenible del patrimonio. Sin embargo, la Capilla de Huayopampa —ubicada dentro de ese ámbito de acción— muestra desprendimiento de material en más del 70% de su fachada y evidencia la ausencia de mantenimiento preventivo sostenido durante al menos 12 meses.

La contradicción no es menor. Reconocer avances institucionales mientras uno de los monumentos más representativos del área se deteriora semana a semana plantea interrogantes sobre los criterios de evaluación utilizados. La inspección técnica se realizó, además, en un contexto de alta vulnerabilidad estructural: grietas visibles, bases debilitadas y un riesgo creciente para la nave principal si las lluvias replican los niveles de 2024.

La Capilla de Huayopampa se convierte así en un símbolo incómodo: el del patrimonio que existe más en los comunicados que en las prioridades efectivas de gestión. La pregunta que queda abierta no es técnica, sino política: qué valor real se le asigna al patrimonio cuando su conservación se posterga frente a la lógica del reconocimiento formal.