HUÁNUCO Y SUS SERENATAS DEL AYER

Nuestra ciudad fue de huertos, jardines y cuadras, dentro de cuyo ambiente, matizado de frutos y flores, de exuberantes aromas y colores, se desenvolvieron sus cuatro barrios principales: Huallayco, San Pedro, Izcuchaca y Cruz de Mayo. No es de omitir de la lista de los grandes el de San Juan. Todos poseían dotes de vocación cívica, tempranamente cultivada con amor y sacrificio, de mujeres espirituales y hermosas, de galantes y amenas fiestas. Los barrios, por su ubicación, costumbres, ocupaciones y conformación de su vecindario, se distinguían unos de otros. De allí que el pueblo los rebautizó a los tres con gracejo y oportunidad, a uno con dureza y a otro, nada. Las serenatas de la ciudad de Huánuco, con música y canto de yaravíes y chimayches, fueron de mucha celebridad. Algo de lo recogido de ellas se expone en el siguiente relato.

CEREMONIOSA
ENTRADA DE
GUITARRAS,
ENSEGUIDA VIOLINES Y DEMÁS
INSTRUMENTOS
A eso de las once horas, numerosos grupos se preparan para hacerse escuchar, unos junto a una ventana y otros frente a ella; llevan un par de quenas por apreciarse mejor a alguna distancia el llanto de éstas. Comienza el primero. Ceremoniosa entrada de guitarras, en seguida violines, flautas y demás instrumentos brindan un yaraví que argentadas voces cantan… Las botellas pasan de pico en pico a espacios regulares. Música y canto se alternan delicadamente hasta la última gota del chimayche, melodía más o menos parecida a la cachua, pero de ritmo lento y elegante artificio. Corresponde el turno a otro. Cabe en el marco enrejado de la ventana, suspira y a ratos llora la dama objeto de las serenatas; quien pudiera saber por quién.

EN EL SIGLO XVIII NUESTROS YARAVÍES ENTERNECÍAN EL ALMA
“Si en el año de 1793 los yaravíes de la ciudad de Huánuco,…habían obtenido calidad de ‘patéticos’ y la virtud de enternecer el mármol y quebrar el corazón más empedernido, prueba cuando menos que la población mestiza de dicha nuestra urbe los cultivó desde la temprana etapa del coloniaje en que comenzó a oírse… En nuestra ciudad, sentados a las puertas de sus casas al caer la tarde, no pocos ancianitos solían ofrecer acongojadores yaravíes en duetos de quenas confeccionadas por ellos mismos, sin menester de modelo. Tuvimos después sobresalientes quenistas no sólo en la interpretación de aires populares; ellos confeccionaron sus pares de quenas que con una simple manipulación se acordaba con otros instrumentos… Intensamente arraigado el yaraví en el ánimo de la colectividad mestiza, cada familia lo ha heredado de sus ascendientes aunque sin poner el menor y difundir lo nuestro. ¡Ojalá tuviéramos a quien darle las albricias!”.