Huánuco vuelve a confirmar una verdad que se repite cada año: las fiestas mueven la economía, pero no la transforman. El balance presentado por la Cámara de Comercio e Industrias de Huánuco es honesto y necesario porque pone sobre la mesa una diferencia que suele diluirse en el discurso público: dinamismo no es sinónimo de desarrollo.
Las campañas de Navidad, Año Nuevo y la danza de Los Negritos generan consumo, empleo temporal y alivian momentáneamente los bolsillos de muchas familias. Nadie puede negar que estas fechas “sostienen” la economía regional y evitan caídas bruscas del PBI. Sin embargo, también es cierto que ese impulso es pasajero, repetitivo y predecible. Terminan las fiestas y Huánuco vuelve al mismo punto de partida, con las mismas brechas y limitaciones estructurales.
El problema no es celebrar ni consumir. El problema es creer que eso basta. La economía regional no puede seguir dependiendo de un calendario festivo “mapeado” que solo garantiza regularidad, pero no progreso. Los picos de consumo no crean valor agregado, no fortalecen cadenas productivas y no mejoran la posición de Huánuco frente a otras regiones del país. Son un paliativo, no una solución.
Los datos son claros y duros. Huánuco representa apenas el 1.17 % de la economía nacional. Incluso creciendo al 5 % anual, seguiría siendo un actor marginal. Eso obliga a replantear el enfoque: el objetivo no puede ser solo crecer, sino crecer de manera distinta. Crecer con infraestructura, con integración provincial, con productividad y con inversiones que realmente cambien la vida de las personas.
Ahí es donde el debate se vuelve incómodo pero urgente. Mientras el empleo que generan las campañas festivas es mayoritariamente informal y temporal, las familias siguen esperando oportunidades sostenibles. Miles de personas encuentran trabajo por unos meses, pero luego regresan a la incertidumbre. Esa realidad no se revierte con más consumo, sino con decisiones políticas y económicas de fondo.
La ruta está identificada desde hace años y sigue pendiente: aeropuertos funcionales, carreteras que integren provincias, corredores logísticos que conecten a Huánuco con mercados mayores. No se trata de obras simbólicas, sino de proyectos que puedan aportar crecimiento real al PBI regional y, sobre todo, ingresos estables para la población. Sin conectividad, no hay competitividad; sin competitividad, no hay desarrollo.
Huánuco no necesita más entusiasmo coyuntural ni balances optimistas de corto plazo. Necesita una visión que vaya más allá del calendario festivo y del consumo estacional. Las fiestas seguirán siendo parte de nuestra identidad cultural y económica, pero no pueden seguir siendo el eje sobre el cual descansa el futuro de la región.
Celebrar está bien. Conformarse, no. La verdadera tarea pendiente es transformar ese movimiento pasajero en crecimiento sostenido, y eso solo será posible cuando el desarrollo deje de depender de fechas marcadas y empiece a construirse sobre infraestructura, productividad y oportunidades reales para todos.




