Huánuco, una ciudad con una rica historia y un potencial considerable, enfrenta un desafío creciente que afecta tanto a su economía como a la seguridad de sus habitantes: la informalidad. Más del 90% del comercio en la ciudad opera en la informalidad, un fenómeno que ha proliferado a lo largo de los años y que, a pesar de los esfuerzos de la municipalidad, sigue siendo un problema persistente y complejo.
El comercio informal, que abarca desde pequeños vendedores ambulantes hasta puestos fijos en las calles, es una realidad que no solo refleja la falta de oportunidades laborales formales, sino también la ineficacia de las políticas públicas para integrar a estos comerciantes en un sistema que les ofrezca estabilidad y seguridad. La informalidad, en muchos casos, se ha convertido en una válvula de escape ante la falta de empleo, pero esta solución temporal conlleva riesgos significativos, tanto para los comerciantes como para la ciudadanía en general.
Uno de los aspectos más preocupantes de esta situación es el uso de balones de gas por parte de algunos vendedores informales. Estos balones, utilizados principalmente para cocinar en las calles, representan un peligro latente para la seguridad pública. La manipulación inadecuada de estos cilindros en espacios no acondicionados y sin las medidas de seguridad necesarias puede desencadenar accidentes catastróficos, como explosiones e incendios, poniendo en riesgo la vida de los transeúntes y de los propios comerciantes.
La municipalidad de Huánuco ha intentado, en diversas ocasiones, regular esta situación, impulsando operativos para desalojar a los vendedores informales de las calles y ofrecerles alternativas más seguras y legales. Sin embargo, estos esfuerzos, aunque necesarios, han encontrado resistencia tanto por parte de los comerciantes, que temen perder su única fuente de ingresos, como de algunos sectores de la sociedad que ven en estos operativos una medida represiva más que una solución integral.
Es imperativo que las autoridades locales adopten un enfoque más inclusivo y sostenible para abordar la informalidad. Esto implica no solo la ejecución de operativos de desalojo, sino también la implementación de programas de formalización que sean accesibles, comprensibles y verdaderamente beneficiosos para los comerciantes informales. La creación de mercados formales, la capacitación en seguridad y gestión empresarial, y el acceso a microcréditos son solo algunas de las medidas que podrían contribuir a que estos vendedores se integren en la economía formal sin perder su sustento.




