Luego de más de tres décadas de espera, una familia natural del centro poblado de Chacahuaca, en el distrito de Monzón (región Huánuco), recibió finalmente los restos óseos de su padre, su hermano y otros parientes asesinados durante el conflicto armado interno.
El hallazgo se produjo en una fosa común ubicada en Sachavaca, donde —según la versión de los deudos— habrían sido enterradas las víctimas tras ser ejecutadas por miembros de Sendero Luminoso en los años más cruentos de la violencia subversiva.
La entrega se produjo 22 años después de la publicación del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), que documentó los crímenes ocurridos entre 1980 y el 2000. De acuerdo con el ciudadano William Eugenio Romero, hijo y hermano de las víctimas, el acto de restitución pone fin a una búsqueda familiar marcada por el silencio, el dolor y la impunidad.
“Es un dolor que nunca se va a reparar, pero al menos hoy podemos darles una sepultura digna”, declaró.
Romero manifestó que su padre, quien fue juez de paz durante 15 años en Chacahuaca, fue secuestrado y posteriormente asesinado por presuntos miembros del grupo terrorista. Según su testimonio, el crimen no respondió a ninguna acusación concreta, sino al simple hecho de haber sido una autoridad comunal.
Testimonio directo relata ejecución
El ciudadano también recordó el asesinato de su hermano, identificado como Paúl Eugenio Romero, quien —de acuerdo con su testimonio— fue un futbolista profesional y habría sido ejecutado “en presencia de toda la familia”. “Fue sin motivo, sin explicación, y yo fui testigo de todo. Era apenas un niño. Ese recuerdo me va a acompañar toda la vida”, expresó.
Romero precisó que los restos de sus familiares fueron hallados en una fosa aparentemente excavada por Sendero Luminoso, y que su familia tuvo que esperar décadas para poder iniciar un proceso formal de identificación. El procedimiento incluyó pruebas forenses y análisis antropológicos coordinados —según manifestó— con instancias correspondientes a Medicina Legal.
Consultado por la prensa, el ciudadano señaló que nunca hubo una explicación oficial ni se identificaron a los responsables. “Simplemente, arremetieron contra mi familia”, afirmó. También indicó que durante muchos años, la comunidad afectada no tuvo acceso a información, ni acompañamiento psicológico ni reparaciones materiales, pese a formar parte —dijo— de una zona gravemente afectada por el terrorismo.
El acto de entrega de los restos óseos se realizó de forma privada, con presencia de familiares y allegados, quienes ofrecieron una sepultura cristiana en su localidad. “Ahora sus almas podrán descansar en paz, aunque el dolor que nos dejaron no se va”, agregó.
Familia cuestiona falta de justicia y llama a no olvidar los crímenes del pasado
Aunque la entrega de los restos representa una forma simbólica de cierre emocional para los deudos, William Eugenio Romero advirtió que la justicia aún no ha llegado. En sus declaraciones, hizo un llamado a las autoridades para que retomen las investigaciones sobre los crímenes cometidos durante la guerra interna en regiones como Huánuco, donde —según indicó— muchas familias continúan esperando respuestas.
“Han pasado más de 30 años y todavía no se ha juzgado ni identificado a quienes cometieron estos asesinatos. Solo nos dicen que fue Sendero, pero nadie tiene nombre, nadie ha sido responsabilizado”, reclamó. Afirmó también que, si bien el país ha dado algunos pasos hacia la reconciliación, el dolor de las familias no ha sido debidamente atendido ni reparado por el Estado.
El dato
La Comisión de la Verdad y Reconciliación estableció en su informe de 2003 que más de 69,000 personas murieron o desaparecieron durante el conflicto interno, y que el 75% de las víctimas fueron campesinos, quechuahablantes y habitantes de zonas rurales. Romero considera que su caso representa apenas uno entre miles, y que sigue existiendo una deuda histórica con quienes perdieron a sus seres queridos en la violencia.




