La leyenda de los “pishtacos”, temida por generaciones, se materializó en un caso estremecedor que ha conmocionado al Perú. Una organización criminal fue desarticulada tras décadas de asesinar a personas para extraer su grasa y comercializarla en el mercado negro por hasta 15 mil dólares el litro.
La red, autodenominada “hermandad de pishtacos”, operaba en zonas aisladas de Huánuco, Tingo María, Apurímac y otras regiones. Su líder, Hilario Cudeña, dirigía una estructura que involucraba métodos brutales y premeditados. Entre los capturados en Lima figuran Serapio Veramendi Príncipe, Elmer Castillejos Agüero y Enedina Estela Claudio, quienes llegaron a la capital con el objetivo de vender grasa humana.
Los métodos de estos criminales son impactantes. Según el testimonio de Veramendi, capturaban a sus víctimas, las decapitaban con una máquina llamada “wincha”, desmembraban sus cuerpos y colgaban los torsos en ganchos metálicos durante tres días para obtener la mayor cantidad de grasa posible. “Les cortábamos la cabeza y los colgábamos. A veces no llenábamos una botella, y eso molestaba al jefe”, confesó con frialdad.
Las víctimas eran seleccionadas cuidadosamente para evitar sospechas. “Podían elegir parejas jóvenes cuya desaparición se interpretara como una fuga amorosa”, explicó el comandante PNP Ángel Toledo, de la División de Investigación de Secuestros (Divise). Se calcula que esta red podría estar involucrada en al menos 60 desapariciones recientes, aunque la cifra real de víctimas podría ser mucho mayor.
El caso salió a la luz tras un operativo de la Policía Nacional del Perú y la Fiscalía, quienes interceptaron a los sospechosos en Lima. Actualmente, las investigaciones buscan determinar el alcance de esta organización y su conexión con otros delitos en el país.
El hallazgo ha revivido temores ancestrales en torno a los “pishtacos”, personajes míticos andinos que supuestamente asesinaban a personas para extraerles la grasa.




