Huánuco paga la electricidad más cara del Perú: un lujo que multiplica la desigualdad

Huánuco ostenta el triste récord de pagar la tarifa eléctrica más alta del país: S/ 0,94 por kilovatio hora. Este sobrecosto no solo golpea los bolsillos, sino que agranda las brechas sociales y económicas en una región históricamente relegada en infraestructura y servicios básicos.
El alto costo energético impacta de forma desigual. Para las familias vulnerables, el gasto en luz puede representar un porcentaje crítico de sus ingresos mensuales, obligándolas a recortar en alimentación, educación y salud. En el caso de los pequeños agricultores y comerciantes, el precio elevado resta competitividad frente a otras regiones y reduce el empleo formal.
El efecto no se queda ahí: la electricidad cara refuerza la brecha digital y educativa. Mientras en Lima el acceso a Internet alcanza el 90 %, en Huánuco solo llega al 59 %. La energía costosa desincentiva la compra y uso de dispositivos digitales, afectando la educación virtual y el desarrollo de nuevas habilidades.
Además, frena la movilidad social y profesional: sin capacidad de ahorro ni excedentes, resulta casi imposible invertir en educación superior o en pequeños negocios, perpetuando un ciclo de empleo informal y bajos ingresos. Finalmente, se amplía la brecha regional, pues zonas con energía barata y buena infraestructura, como Lima o Moquegua, atraen inversiones y mejores empleos, dejando a Huánuco cada vez más rezagada.
Una hidroeléctrica gigante que no ilumina Huánuco
Paradójicamente, Huánuco alberga la central hidroeléctrica de Chaglla, una de las mayores y más modernas del Perú. Construida con una inversión millonaria y alimentada por las aguas de las lagunas de Chinchao, esta infraestructura se presenta como símbolo de desarrollo y modernidad. Sin embargo, la ironía es brutal: pese a tener una de las mayores fuentes de energía limpia del país, la población local apenas percibe los beneficios.
Tras ser vendida a un consorcio extranjero, Chaglla funciona como un gran generador para el sistema eléctrico nacional, pero no mejora ni influye en la calidad ni el precio de la electricidad en Huánuco.
Con respecto a los colegios, la falta de un servicio eléctrico asequible impide el uso constante de tecnología, afecta la conservación de alimentos y reduce las horas efectivas de estudio. En los hospitales, los costos elevados restringen el uso de equipamiento médico y de refrigeración de insumos críticos.
Comerciantes, transportistas y pequeños empresarios también denuncian que las tarifas son un obstáculo permanente para crecer y formalizar sus actividades. En palabras de un vecino de Amarilis, “tenemos la hidroeléctrica más grande, pero vivimos a oscuras”.
Un llamado a que la infraestructura beneficie a la gente
Mientras tanto, la infraestructura millonaria sigue alimentando las ganancias de empresas foráneas, sin traducirse en calidad de vida para la población. La ciudadanía exige que el potencial energético de Huánuco se convierta en una herramienta real de desarrollo: con tarifas justas, mejor alumbrado público, y mayor acceso a energía para la educación, la salud y el comercio.