A un año de culminar su mandato, el gobernador Antonio Pulgar enfrenta una creciente frustración ciudadana por el incumplimiento de sus compromisos más urgentes. El tiempo apremia y la paciencia de los huanuqueños se agota. A escasos doce meses de concluir su gestión, el gobernador regional Antonio Pulgar aún no logra materializar sus principales promesas de campaña, entre ellas el asfaltado de vías estratégicas para el desarrollo económico y social de la región. Los constantes reclamos de alcaldes provinciales y distritales son solo una muestra del malestar generalizado ante una administración que, hasta ahora, ha ofrecido más anuncios que resultados concretos.
En distintas reuniones, encuentros y visitas de campo, los alcaldes han elevado sus voces, exigiendo la ejecución de obras que, lejos de avanzar, permanecen paralizadas o sumidas en trámites interminables. Una de las más simbólicas es la carretera Rancho – Panao, cuyo presupuesto ya fue asignado, pero cuya ejecución está detenida por la falta de un expediente técnico completo y la ausencia de supervisión. Si bien es cierto que esta última depende de Provias, el Gorehco está en la obligación de presionar para su culminación. Esta vía, fundamental para el traslado de productos agrarios, continúa siendo una trocha intransitable, afectando a decenas de productores que dependen de ella para llevar sus cultivos al mercado.
El asfaltado de otras rutas de interconexión regional, prometido como parte de una transformación integral de la infraestructura vial, también sigue siendo una deuda pendiente. Mientras otras regiones avanzan en integrar sus economías rurales con los mercados nacionales, Huánuco retrocede ante el deterioro de sus carreteras, muchas de ellas en condiciones deplorables.
A esta situación se suma otra omisión histórica que la actual gestión tampoco ha corregido: la falta de un aeropuerto moderno y funcional para Huánuco. Si bien se han mencionado proyectos y se han repetido discursos sobre la importancia de mejorar la conectividad aérea, no se han dado pasos reales para contar con una infraestructura acorde a las necesidades actuales. Huánuco continúa dependiendo de un aeropuerto limitado, sin condiciones para vuelos comerciales regulares y sin visión de crecimiento turístico o económico a mediano plazo.
La región no requiere más diagnósticos ni nuevas promesas. Requiere decisiones firmes, ejecución inmediata y un liderazgo con capacidad de gestión. La ciudadanía ya no tolera el abandono ni los discursos vacíos. El gobernador Pulgar aún tiene una última oportunidad de enmendar su rumbo y dejar una huella positiva en Huánuco. Pero el reloj avanza, y la historia no suele ser benévola con quienes desperdician el tiempo de su pueblo.




