Huánuco entre la basura y el hedor: una ciudad atrapada en su propia desidia

La crisis de residuos sólidos en Huánuco ha dejado de ser un problema administrativo para convertirse en un drama urbano que golpea a diario a sus ciudadanos. Basta caminar por las inmediaciones del Mercado Modelo o recorrer las calles céntricas para percibir el olor nauseabundo que se desprende de los drenajes rotos y la acumulación de basura. La ciudad, otrora llamada “capital de la hospitalidad”, hoy se asfixia entre la suciedad y el desorden.


De acuerdo con la Municipalidad Provincial, solo el Mercado Modelo produce más de cinco toneladas de residuos al día. Aunque la normativa obliga a los grandes generadores a contratar empresas especializadas, en Huánuco no existen operadores privados habilitados, lo que mantiene a la comuna como única responsable del recojo. Sin embargo, los propios comerciantes aún incumplen la obligación de segregar sus desechos en orgánicos, reciclables e inservibles, complicando cualquier esfuerzo de disposición final.


El problema no termina en los mercados. La Municipalidad ha reconocido que el 70% de la población no paga puntualmente el servicio de limpieza. Esta morosidad crónica amenaza con colapsar financieramente un sistema que requiere recursos constantes para operar. Mientras tanto, las calles se convierten en botaderos improvisados y los alrededores de los colectores de desagüe desprenden olores insoportables que hieren la dignidad de una ciudad que debería apostar por el turismo y la inversión.


En paralelo, la autoridad edil ha advertido que la acumulación de basura fuera del horario establecido constituye un delito ambiental, sancionable con multas que pueden llegar a S/ 1,200. Sin embargo, en la práctica, los comerciantes informales y algunos vecinos siguen disponiendo sus residuos sin control, burlando las ordenanzas y agravando el estado de insalubridad.


La situación de Huánuco refleja más que la falta de maquinaria o de personal: evidencia una profunda crisis de civismo. De nada sirven las inversiones en rellenos sanitarios si la ciudadanía no paga sus tributos ni cumple con la segregación básica. Tampoco bastan los anuncios de operativos si no hay un sistema de fiscalización firme, acompañado de educación ambiental sostenida.


La capital de la región no puede seguir oliendo a cloaca ni mostrar montañas de basura en cada esquina. El hedor que impregna los alrededores del Mercado Modelo es también el símbolo del descuido institucional y de la indiferencia ciudadana. Limpiar Huánuco no es solo una tarea técnica; es una obligación moral con su gente, con sus visitantes y con las futuras generaciones.
El tiempo de las excusas ya terminó. O la ciudad enfrenta de manera seria y conjunta este problema, o continuará hundiéndose en la vergüenza de su propia basura.