Aunque las medidas de prevención frente a la pandemia del COVID-19 obligaron a suspenderla, la región Huánuco rinde tributo al interior de los hogares, con imágenes difundidas a través de las redes sociales, a su fiesta mayor: la festividad “Los Negritos de Huánuco en honor al Niño Jesús”.
Se trata de una celebración costumbrista muy especial donde se unen una tradición cultural y un entrañable sentimiento religioso. La festividad, ligada a la Navidad y la adoración de los Reyes Magos al divino niño Jesús, empieza el 24 de diciembre y culmina el 19 de enero.
Origen de la festividad
El origen de esta danza es incierto. Los historiadores y los cronistas no han podido determinar con exactitud en qué año apareció por primera vez. La tradición refiere que esta estampa folclórica se originó durante la época colonial, mientras que otra refiere que fue durante los primeros años de la República, cuando se decreta la liberación de los esclavos negros.
Una vez liberados, los afroperuanos invadieron la ciudad de Huánuco para danzar en sus calles y expresar con su baile la fe en el divino niño Jesús. Con el tiempo, los descendientes africanos desaparecieron y fueron reemplazados por los mestizos, quienes tuvieron que usar máscaras para mantener la tradición.
Momentos de la celebración
La celebración tiene tres momentos: Cofradía, adoración al niño Jesús, y despedida, donde se cierra el espectáculo en el que los danzantes se desprenden de toda la indumentaria especial que portan para escenificar esta colorida danza.
Los danzantes toman las calles de la ciudad de Huánuco para renovar su fe en Dios, con bailes que evocan la devoción en el divino niño Jesús, y en fechas importantes por este acontecimiento, como el 6 de enero, en Bajada de Reyes.
Durante tres semanas, la ciudad de Huánuco se convierte en un gigantesco escenario donde Los Negritos se lucen con su baile. Los danzantes muestran la belleza de sus vestuarios y sus máscaras.
Personajes danzantes
En esta festividad suele participar más de un centenar de cofradías integradas cada una por 40 o 50 danzarines y lideradas por un caporal o danzante mayor. Él está representado con máscaras relucientes de cuero de color negro, donde destacan sus grandes y expresivos ojos, sus gruesos labios rojos y los adornos de perlas que conforman sus cejas, bigote y barba.
Los caporales lucen elegantes vestidos confeccionados con terciopelo oscuro, bordados con hilos de oro y plata, cintas de colores y lentejuelas. También portan adornos llamativos que cuelgan de su pecho y en los hombros portan charreteras doradas, similares a las que portaron oficiales militares hasta el siglo XIX.
Complementan su vestimenta con vistosos sombreros adornados con plumas pigmentadas con colores encendidos, y se colocan cascabeles en los pantalones. Asimismo, portan sonoras campanillas de bronce y gruesos látigos que simbolizan su autoridad sobre los demás bailarines.
El caporal marca el compás y señalan los pasos a seguir a la cuadrilla de danzantes, conocidos como “Negritos de pampa”. Estos bailarines, quienes se desplazan en dos columnas, se caracterizan por sus máscaras de color negro, grandes ojos, labios gruesos y rojos. Visten uniformes con combinaciones de colores blanco y celeste o amarillo y celeste, adornados con elegantes bordados hechos con hilos dorados.
Al llegar al escenario central de la escenificación, los caporales se colocan al medio de las dos filas de danzantes. Allí realizan diversas evoluciones, las cuales son seguidas por los demás integrantes.
El “Corochano”
Otro personaje destacado en esta contagiante danza es el “Corochano”, que representa a un viejo hidalgo de la nobleza española. Porta una máscara en la que sobresale una larga barba y sus ojos sobresalientes. Además, porta una matraca y un látigo que agita constantemente, gasta bromas al público y asusta a los niños.
Las manifestaciones de alegría y danzas de las cuadrillas de “Los negritos de Huánuco” son protagonizadas por dos figuras centrales: ”el turco” y ”la dama”, personales que simbolizan a la nobleza española y a los propietarios de las haciendas coloniales, quienes eran los dueños de los esclavos hasta el momento de su liberación.
Otro personaje es el “abanderado”, quien se desplaza entre los negritos danzantes portando una bandera de libertad.
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