Hoy Huánuco celebra 486 años de fundación, una fecha que no solo nos invita a evocar el pasado glorioso de esta tierra, sino también a reflexionar sobre el presente que vivimos y el futuro que estamos construyendo.
Huánuco es cuna de historias heroicas, escenario de gestas que marcaron la identidad nacional y hogar de hombres y mujeres que han dejado huella en la ciencia, el arte, la cultura y el deporte. Sus calles y plazas han visto desfilar a valerosos personajes que, con esfuerzo y talento, han engrandecido el nombre de la región. Desde nuestros ancestros, que supieron convivir con la naturaleza y forjar comunidades sólidas, hasta artistas y líderes contemporáneos que proyectan a Huánuco más allá de sus fronteras, este aniversario es también un tributo a su legado.
Sin embargo, la memoria de lo que fuimos no puede ocultar las carencias de lo que somos hoy. A lo largo de las últimas gestiones, el anhelo de transformación ha quedado atrapado en promesas incumplidas y proyectos inconclusos. Muchas autoridades llegaron al poder con discursos de cambio y compromiso, pero la realidad de su paso por el cargo ha dejado más sombras que luces. El porcentaje de mejora tangible en infraestructura, seguridad, ordenamiento y servicios básicos es, lamentablemente, bajo.
La historia juzga con severidad. Quien ostenta una autoridad pública debe recordar que su mandato no es eterno. Cuatro años pasan rápido, pero la huella que se deja puede ser indeleble, para bien o para mal. Si no se gobierna con visión, honestidad y capacidad de gestión, la memoria popular no perdonará. En el imaginario ciudadano, los cargos terminan, pero la calificación como servidor o villano permanece.
Por eso, este aniversario debe servir como un llamado urgente a rectificar el rumbo. Huánuco no necesita discursos de coyuntura, sino planes ejecutados con resultados medibles. Requiere obras que perduren, políticas que enfrenten con firmeza la inseguridad, el desempleo y la desorganización urbana, y un verdadero compromiso con la educación, la salud y el desarrollo sostenible.
Las autoridades tienen la oportunidad de romper el ciclo de decepciones y convertirse en referentes de buena gestión. Aún hay tiempo, pero no infinito. Escuchar a la ciudadanía, rendir cuentas y trabajar de forma articulada son pasos ineludibles si se quiere que, dentro de algunos años, este aniversario no se recuerde con nostalgia de lo que pudo ser y no fue.
Huánuco, en sus 486 años, merece que su historia siga escribiéndose con orgullo. La responsabilidad es de todos, pero recae con más peso en quienes hoy tienen en sus manos las decisiones que moldearán el porvenir de esta tierra.




