En Huamalíes se encendió una alerta que no puede quedar en el silencio burocrático. El consejero delegado del Gobierno Regional de Huánuco, Ricardo Prado, advirtió que esta provincia enfrenta una “vulnerabilidad extrema” ante la inminente temporada de lluvias, con carreteras destruidas, comunidades aisladas y un Estado que, según afirmó, sigue sin actuar más allá de los anuncios.
Las zonas de Vista Alegre, Jacas Grande, el Valle del Monzón, Llata y Miraflores ya registran daños severos. Desde 2024 —precisó Prado— un deslizamiento de talud en Jacas Grande afecta la conectividad regional sin intervención alguna de la Dirección Regional de Transportes. Las palabras del consejero, más que una denuncia, retratan una realidad que se repite en múltiples rincones del país: la desidia institucional frente a la geografía del riesgo.
El funcionario fue tajante al señalar que la Dirección Regional de Transportes y Comunicaciones no ha ejecutado los trabajos anunciados. “No hay acción real en campo, solo anuncios”, declaró, denunciando que sectores como San Andrés, Jircán, Chavín de Pariarca, Tantamayo, Singa y Tingo Chico están parcialmente incomunicados. Según el consejero, cada lluvia intensa aumenta el aislamiento y compromete la salud y educación de miles de habitantes.
En Illahuasi, frontera con Áncash, la crisis adopta rostro humano: escolares que caminan hasta seis horas para llegar a clases en Vichayón porque la vía de interconexión regional permanece inhabilitada. La imagen de estos niños desafiando trochas y lodo resume el abandono institucional que Prado definió como “una herida abierta del Estado con sus pueblos”.
El consejero también puso la lupa sobre los recientes cambios en la Dirección de Transportes y el COER, exigiendo que las designaciones respondan a mérito y transparencia, no a cuotas políticas. Recordó que la gestión anterior enfrentó denuncias por el uso de “boletas fantasmas” y pidió vigilancia ciudadana para garantizar que la maquinaria pesada del Gobierno Regional no siga ociosa por falta de planificación.
Prado insistió en que los gobiernos locales deben articular con la región para presentar planes de contingencia, no solo reaccionar a los desastres. La prevención —subrayó— no puede depender del azar ni de los discursos de emergencia cuando las lluvias ya golpean.
La historia de Illahuasi sintetiza el drama de la exclusión. Sin acceso vehicular y sin presencia efectiva del Estado, los niños se convierten en los mensajeros de un sistema colapsado. La advertencia de Prado debería resonar más allá de Huánuco: mientras los gobiernos cambian funcionarios sin resolver la raíz de los problemas, las comunidades fronterizas siguen caminando bajo la lluvia hacia un futuro que el Estado parece no ver.




