Una joven madre de 23 años denuncia una presunta negligencia médica tras el nacimiento de su primera hija, quien actualmente permanece en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) neonatal del Hospital Carlos Showing Ferrari. Se trata de Marcelina Bonifacio, quien afirma que una demora prolongada en su atención habría puesto en riesgo la vida de su bebé.
Según su testimonio, el miércoles 18 de febrero llegó al hospital alrededor de las 10:00 de la mañana con dolores de parto. Su embarazo, asegura, había transcurrido sin complicaciones y los controles prenatales indicaban que daría a luz por parto natural. No tenía programada una cesárea ni se le había advertido de riesgos previos.
Sin embargo, relata que no fue intervenida quirúrgicamente sino hasta aproximadamente las 4:00 de la tarde. Durante ese lapso —cerca de seis horas— habría permanecido en observación mientras el personal evaluaba su dilatación. Finalmente fue sometida a una cesárea de emergencia, procedimiento tras el cual su hija nació en estado crítico.
La recién nacida permanece conectada a oxígeno y bajo vigilancia médica especializada. La madre señala que no recibe información clara sobre la evolución de la menor ni sobre el tiempo estimado de permanencia en UCI.
Presunta demora en la atención
El eje central de la denuncia gira en torno al tiempo de respuesta médica. Marcelina sostiene que si la intervención se hubiera realizado antes —aproximadamente a las 11:00 de la mañana— la condición de su bebé sería distinta. Afirma que la demora fue determinante en el desenlace.
La controversia se intensifica por una presunta contradicción entre su versión y la brindada por la dirección del hospital. Según la denunciante, el director habría declarado que ella ingresó a las 6:00 de la tarde y que fue operada inmediatamente al detectarse ausencia de latidos fetales. Marcelina rechaza categóricamente esa versión y sostiene que llegó a las 10:00 de la mañana.
Esta discrepancia abre interrogantes relevantes: ¿qué registran los libros de ingreso?, ¿cuándo se detectó la emergencia obstétrica?, ¿se activaron oportunamente los protocolos de cesárea urgente? Hasta el momento, no se ha difundido públicamente un reporte médico detallado que esclarezca la secuencia clínica.
La joven madre también manifestó que le informaron que su bebé habría nacido “como muerto” y que fue reanimado por el personal médico. No obstante, señala que desconoce detalles técnicos del procedimiento realizado tras el nacimiento.
Reclamo de justicia
Además de la presunta demora, la madre plantea un cuestionamiento adicional: considera que no fue atendida con la celeridad necesaria por provenir de zona rural. “Creo que no nos hacen caso porque somos del campo”, expresó, dejando entrever una posible percepción de trato diferenciado.
La situación ha generado preocupación en su entorno familiar y en la comunidad, especialmente por tratarse de una madre primeriza que hoy se recupera de una cesárea mientras debe desplazarse para visitar a su hija en cuidados intensivos. El impacto emocional es evidente.
Durante la entrevista, el periodista que recogió su testimonio formuló declaraciones de tono severo contra el hospital, lo que añade un componente sensible al caso. Sin embargo, hasta que una investigación administrativa o fiscal determine responsabilidades, los hechos permanecen en el ámbito de la presunción.
El caso pone en debate la capacidad de respuesta en emergencias obstétricas, la transparencia en la información institucional y la necesidad de revisar protocolos de atención materno-infantil. Mientras tanto, la recién nacida continúa luchando por su vida en UCI, y su madre exige esclarecimiento y responsabilidades.
La situación demanda una revisión técnica rigurosa que permita determinar si existió negligencia, falla en los tiempos de intervención o discrepancias en los registros clínicos. En contextos de alta vulnerabilidad, la claridad institucional y la atención oportuna resultan fundamentales para preservar la confianza pública en el sistema de salud.
Cualquier apoyo puede realizarse vía Yape al 904 753 349, a nombre de Ronal Resurrección Aguirre, padre del bebé.




