
“Solo hay dos medios de pagar las deudas: por el trabajo y por el ahorro”
Thomas Carlyle
Cuando hay necesidad de capital, es frecuente escuchar a los empresarios, amigos, familiares o a una persona común decir: quiero un préstamo, necesito un préstamo. ¿Podré acceder a un préstamo? ¿Qué requisitos me pedirán? ¿Qué banco me convendrá? ¿Cuánto me podrán aprobar? ¿Cuánto será su tasa de interés? Preguntas recurrentes para alguien que se interesa en obtener un financiamiento. Sin embargo, en el campo empresarial y más específicamente en la contabilidad de empresas en marcha, hablar de financiamiento no solo es pensar en un préstamo bancario, sino en empezar por dar una mirada completa a la estructura de financiamiento de la empresa.
¿Qué es la estructura de financiamiento? Son todas las fuentes de financiamiento de la empresa y tiene dos componentes: el Pasivo y el Patrimonio. En palabras simples, el Pasivo es el financiamiento externo o la deuda contraída que se debe pagar a terceros (proveedores, instituciones financieras,…) y el Patrimonio es el financiamiento interno, los fondos propios de la empresa (que no le deben a nadie más que a los socios) y que empezaron siendo los recursos que aportaron todos los socios. Estos recursos son los que en el Balance de Situación (antes llamado Estado de Ganancias y Pérdidas) aparecen bajo la denominación genérica de Pasivo + Patrimonio Neto. Recordemos que Pasivo + Patrimonio Neto = Activo total. El activo total es la suma de todo lo que tiene la empresa, en detalle son las inversiones que realizó la empresa.
La importancia de dar una mirada a estos dos elementos que componen la estructura financiera significa ver y comprender de donde proviene los recursos que han sido invertidos en la empresa (en el activo). Luego de esto debemos analizar la proporción de los elementos que lo componen. Significa ver y analizar cómo está una respecto de la otra, es decir, cuánto representa el pasivo de toda la estructura de financiamiento y cuánto el patrimonio neto. Saber esto nos podrá dar luces si estamos tomando más recursos de terceros, si solo estamos invirtiendo nuestros propios recursos o cuál puede ser la proporción ideal. Este análisis es clave para encontrar la estructura óptima de capital de nuestra empresa o negocio a fin de optimizar e incrementar las ganancias buscando una rentabilidad, tener liquidez y menores riesgos de índole financiero. Hacer esto nos permitirá establecer la combinación adecuada de recursos de terceros con los propios, para maximizar el valor de la empresa y/o encontrar el endeudamiento razonable para conseguir una mayor valoración.
Cuando un banco o entidad financiera evalúa a una empresa, para otorgarle un crédito, uno de los puntos importantes y básicos en las cuales centra su evaluación es en el flujo de ingresos, los excedentes y en la composición de la estructura de financiamiento; esto incluye evaluar que la proporción de la estructura de financiamiento se mantenga razonable y de acuerdo con la operativa de la empresa que asegure el pago del crédito. De ahí que puede decirse que la empresa está muy endeudada, muy apalancada, que no tiene solvencia, entre otros términos.
Por tanto, conocer la estructura de financiamiento, así no se tenga la intención de obtener un préstamo como persona o empresa, nos dará una ventaja de saber de qué fuente nos conviene financiarnos: de proveedores, de préstamos financieros o tal vez de los propios socios.
Sí decidimos por la financiación propia. Al provenir de los propios accionistas, esta forma de financiamiento tiene un coste financiero intrínseco, y su forma de pago se da mediante la distribución de utilidades a través de los dividendos pagados por las acciones. Este caso es mucho más visible en aquellas empresas que cotizan en la bolsa de valores. En el resto, sobre todo las pequeñas empresas, normalmente se utiliza un interés de referencia, como por ejemplo el de la deuda pública. Si tener nuestro dinero en la empresa o negocio nos genera menos réditos que invertirlo, es posible que no estemos haciendo una distribución eficiente del capital. Un inversionista puede comprar acciones de la mayoría de las empresas que cotizan en la bolsa de valores y obtener dividendos.
Si decidimos por la financiación de terceros, este tiene un coste extrínseco. En este caso, lo más habitual en las pequeñas empresas son los créditos de proveedores y los diversos tipos de préstamos: de prestamistas, cooperativas, cajas, financieras o bancos, cuyo coste es fácil de calcular. Si es de una entidad financiera es la tasa de interés y los posibles gastos y comisiones, calculados, por ejemplo, a través de la Tasa costo Efectivo Anual (TCEA) que es lo que engloba todo lo que le cuesta el crédito que realiza la persona o empresa. En las empresas que cotizan en la bolsa existe, además, otra modalidad de financiamiento como la emisión de deuda o emisión de obligaciones, comúnmente llamados bonos corporativos. En este caso, el coste es el cupón que se paga al tenedor del bono. Un inversionista también puede comprar bonos corporativos o del gobierno a través de la bolsa de valores.
Piénselo, adquirir financiamiento no es cosa de juego, en muchos casos es necesario, pero también exige tener responsabilidad en saber lo que se está haciendo, responsabilidad en uno mismo y en los que nos rodean, en saber asumir los compromisos y obligaciones, en cumplir lo pactado. Saludos cordiales. Hasta la próxima.
(*) Es licenciado en Administración por la UNMSM, MBA por la Universidad de Génova, director de EIDE (Escuela Internacional del Dinero y la Empresa) e Inversionista independiente en la Bolsa de Valores de Lima. Correo: [email protected]




