HONORIA MAMANI PARICAHUA

Por: Israel Tolentino

Honoria Mamani Paricahua (1945) es una artista que toda su vida ha laborado el bordado, costura y la cocina representativa de la tradición sureña: Puno y Arequipa, sin la pretensión de ser una artista del “circuito”, paradójicamente, es en el circuito, que comanda la pauta para visibilizar al artista y sus artefactos, donde se descubre su talento y sensibilidad. Ella, posee los requisitos (aunque no sean necesarios en su caso) para validar su vida de artista. Honoria ha sido tocada para salvaguardar y añadir su poética al legado de arte que comienza desde mucho antes que ella y continúa en las preocupaciones de su hija.

Honoria Mamani laborando el proyecto “Lengua materna” (Foto, Nereida Apaza)

“Lo que se hereda no se hurta” si bien es una frase vox populi, pocas veces nos detenemos a indagar sobre los ejemplos cotidianos al respecto. En los pueblos grandes y pequeños conocemos casos emblemáticos sobre esto. En el arte, por ejemplo, sucede con regularidad encontrarse con familias de artistas o donde el arte es parte sustancial en su desarrollo, así encontramos familias de músicos, de imagineros, de cocineros, fotógrafos, hojalateros, y cuanta práctica merece ser instrumentalizada para trasmitir memoria.

Ritualizar la experiencia visual, como dice Vik Muniz, es una frase que se integra plenamente a los tejidos escultóricos realizados por Honoria junto con su hija Nereida Apaza bajo el nombre de “Lengua Materna” en el Espacio Flux I Bell Structure en Berlín el pasado 2024. Nereida, una artista complejamente creativa en términos de relatos y técnicas en el imaginario nacional, es heredera del amor de Honoria Mamani con Edgar Apaza Flores (1945 – 2009) docente y músico.

Honoria Mamani en el jadín botánico de Ginebra (Foto, Nereida Apaza).

Honoria toma las hojas y las dispersa por el piso, Nereida observa y, fugazmente se ve haciendo los bordados, sus manos son como las de su madre. Honoria se forjó en la escuela de la vida, en la fuerza telúrica de los caminos que unen el lago Titicaca y el volcán Misti; a Nereida, la sensibilidad de madre le causa ternura, en la fugacidad del momento comprende que hay en las manos de Honoria, un rudimento de vida pretérita que pervive también en ella. De esta labor en conjunto nació la muestra que se tituló “Lengua Materna”. Hasta hace poco, la presencia de Honoria como artista se vislumbraba intermitente en la práctica artística de Nereida y como en la experiencia comunitaria, todos son forjadores de la obra, el anonimato, por tanto, se transforma en autor. Esta vez, en “Lengua materna” Honoria es la coautora. El bordado escultórico se continúa bordando, madre e hija continúan caminando, recogiendo hojas que caen como garúa.

Inauguración de “Lengua materna” en Berlín (Foto, Nereida Apaza).

“Lengua materna” un proyecto resuelto en el lugar, en la estadía de Honoria y Nereida en Berlín, quince días donde madre e hija dan inicio al proceso y culmen del proyecto. Una experiencia de labor que les permitió reencontrarse, un larguísimo viaje lejos de las jornadas en su ciudad Arequipa a días en ciudades como: Zurich, Ginebra, Madrid, Londres, Berlín. Dan vueltas por los parques y recogen hojas juntas, “un diálogo sin palabras, como muy del corazón” recuerda Nereida; caminatas que sirvieron para dialogar sobre sus infancias, familias, su vida de mujeres… Mientras, crecía el bordado escultórico, como hojas que caen en el otoño berlinés con sus nervaduras como líneas de la mano. Nereida reflexiona, “el público, muchos artistas, evocaban mucho a sus propias manos, con mucho sentimiento, personas que ya no estaban con ellos; decían hubiera tenido la oportunidad de trabajar con mi mamá. Reflexionar sobre nuestros vínculos familiares, los adultos mayores tienen una experiencia y una forma de abordar, de pensar, de hacer las cosas. Experiencia, motivaciones, sabiduría que hay que aprender”.

Honoria y Nereida juntas, unidas por la obra y en ella sus maternidades. “Lengua materna” las visibiliza, reafirma en sus identidades, Berlín es el contexto ideal en ese momento; todo suena a alemán y, el idioma que hablan Nereida y Honoria se torna en su vínculo primordial junto con la praxis artística.

 Inauguración de “Lengua materna” (Foto, Nereida Apaza).

El viaje puede ser, en un determinado instante, una forma de trayecto donde permitirse una nueva lectura sobre uno mismo. Nereida y Honoria, han encontrado en ese recorrido, un espejo dentro de un sueño llamado Arte (Barranco, febrero 2025).