El Perú ya celebró oficialmente sus Fiestas Patrias este 28 y 29 de julio. Han concluido los actos protocolares, los desfiles y los discursos. Pero la verdadera conmemoración de la independencia no termina con el calendario: continúa en la memoria colectiva, en el compromiso diario con nuestra historia y en la construcción de un país más justo, libre y digno.
Hace más de 200 años, miles de hombres y mujeres enfrentaron con valor al dominio colonial español. Muchos de ellos no portaban uniformes ni cargos militares, sino el simple deseo de libertad. En las batallas de Junín y Ayacucho se selló la independencia política, pero fueron muchos los escenarios y sacrificios previos. La lucha no fue solo de héroes célebres como San Martín, Bolívar o Rázuri, sino también de comunidades enteras que ofrecieron su sangre por la causa emancipadora.
Recordar estas fechas no debe limitarse a la repetición de nombres y actos. La independencia no fue un regalo, fue una conquista dolorosa. Detrás de cada victoria hubo pérdidas, dolor y esperanza. Esa esperanza es la que hoy debemos mantener viva, más allá del 28 de julio.
La bandera que ahora flamea en plazas, balcones y oficinas nació también de un símbolo natural: según la tradición, San Martín se inspiró en unas aves de alas rojas y cuerpo blanco que avistó al llegar a la costa peruana. Ese símbolo se convirtió en emblema de una nación que aspiraba a volar libre. El rojo representa la sangre derramada; el blanco, la paz que soñamos alcanzar.
Pero ¿qué significa hoy ser libre? En un país aún marcado por desigualdades, corrupción y pobreza, el verdadero homenaje a la patria es cumplir con nuestras responsabilidades como ciudadanos: respetar la ley, exigir justicia, construir comunidad y proteger los derechos de todos. Porque una patria no se honra solo con palabras, sino con acciones.
Este año, al cerrar julio, digamos con conciencia y con el corazón: ¡Viva el Perú! Y que ese grito no se quede en un eco vacío, sino que se transforme en voluntad para seguir luchando por un país donde la libertad no sea un recuerdo histórico, sino una realidad cotidiana.




