Por: Denesy Palacios Jiménez
Hablar del museo y de la implementación de una sala Chupachos es considerar “su contexto cultural y su estudio, aun breve como en el presente caso, puede servir para demostrarnos cómo la cultura andina, como ocurre en Pachitea andina, ha conservado básicamente su estructura prehispánica”. (Emilio Mendizábal)
La presencia de los chupachos en este valle del Huallaga, es el fiel reflejo de lo que estamos diciendo, manteniéndose muchas manifestaciones culturales como tradiciones y como reflejo de la identidad cultural.
Huánuco es muy rico en: tradiciones, mitos, leyendas, cuentos, fiestas patronales, su religiosidad, sus trajes típicos, pueblos de músicos, danzas y bailes, pintura, tragos y bebidas, comidas y dulces y costumbres muy peculiares. Esto nos lleva a revalorar nuestra cultura ancestral. A esto hay que agregar lo que nos dice Clifford Geertz: “El hombre es un animal inserto en tramas de significación que él mismo ha tejido”; así, consideramos que la cultura es esa urdimbre, y, que el análisis de la cultura debe ser por lo tanto, no la ciencia experimental que busca leyes, sino una ciencia interpretativa en busca de significaciones.
Chupachos es palabra quechua formada por dos términos: chupa=rabo y cho=en; en el rabo. Palabra castellanizada derivada de chupaychos. Habitaban el valle del río Huallaga y afluentes, desde las alturas de San Rafael hasta Acomayo y Pillao. Ocupaban también, las márgenes del río Huertas, desde Chaupihuaranga; y las de los ríos Higueras o Tingo y Mito en sus cuencas medias.
Se cree que descendían de los chupacanas: tribu huanca de la zona SO del valle de Jauja (Chupaca). Varallanos nos dice, que cuando Inca Roca entró a la Nación Huanca, dicha tribu huyó hacia el norte y luego al este penetrando al valle del río Huallaga, donde radicaría después de expulsar o someter a sus moradores pilcos, quienes se internarían en la selva.
El vocablo pilco o pillco con que se conoció a los indios de la zona NE, del valle del Huallaga y que formaban varios ayllus dentro de la tribu de los chupachos, quién sabe derivó de la enorme piedra que existía en el actual barrio San Pedro de la ciudad de Huánuco, llamada Pillco Rumi. A este pedrón tendrían los naturales como a su huari, pacarina o lugar de origen, de donde habría emergido según ellos, su antecesor totémico o animal sagrado, que pudiera haber sido un ave nombrada pilco (Varallanos).
A aquella provincia y región se le conocía como la de los huanca-chupachos. Otra tesis (Rivet) sostiene que tal vez los chupachos salieron de la selva (Moyobamba y Chachapoyas) en marcha hacia la cordillera a través del río Huallaga. Encontramos diversos sitios arqueológicos asociados a los chupachos como: Marca Punta (Molinos-3100 m s.n.m.), Huarichaca (puente de piedra con poderes misteriosos), Ichu, Silla, Chupa, Condorhuaca, Ushnu, Tomayrica Paku, Auquimarca, Willca Umari, etc.
Su organización social y política fue propia de los señoríos del intermedio tardío antes de la presencia inca, y según la visita de Iñigo Ortiz (1967) Paucuro Guamán, que era su señor principal, dijo que tenía cuatro parcialidades, la autoridad se trasmitía por herencia, se cree que la capital haya sido ICHU (Craig Morris, 1972). Enterraban a sus muertos con ofrendas por lo que se dice que creían en la inmortalidad, y adoraban a los jircas y al pilco; se dice que la familia era de tipo patriarcal.
En este mes de los museos, queremos rendir homenaje a nuestros ancestros los chupaychos o chupachos y bien haría el Museo Leoncio Prado, en habilitar una sala para exhibir el material donado por el sacerdote Eliseo Jara. Nos permitirá un mejor entendimiento de esta cultura ancestral y fortalecería nuestra identidad regional, ya es hora que Huánuco cuente con un museo regional, y varios museos que nos permitan exhibir y educar a nuestra población sobre su patrimonio y tradición cultural
(*) Profesora principal FACCCSS UNHEVAL [email protected]



