La ardua negociación para aprobar la primera Ley sobre Inteligencia Artificial (IA) del mundo ha llegado a su conclusión con un acuerdo histórico entre los negociadores de la Presidencia española del Consejo de la Unión Europea y la Eurocámara. El acuerdo tiene como objetivo regular la IA en Europa, abordando cuestiones relacionadas con tecnologías como Chat GPT y el reconocimiento facial en tiempo real y a distancia.
El proceso de toma de decisiones en la Unión Europea suele ser lento y predecible, pero la llegada de tecnologías avanzadas como Chat GPT cambió drásticamente el panorama. La repentina importancia de la IA impulsó a Bruselas a acelerar la regulación, y la Eurocámara asumió un papel protagonista en la reescritura de la regulación, consultando a expertos de todo el mundo, incluidos teóricos, profesores, empresas y grupos de la sociedad civil.
El proceso de negociación se volvió anormalmente ruidoso y prolongado, con sesiones de 24 y 16 horas consecutivas. El sector tecnológico advirtió sobre las consecuencias devastadoras de una regulación estricta, mientras que los defensores de los derechos civiles argumentaron que esto podría dar lugar a un racismo tecnológico institucionalizado y a la pérdida de libertades.
El acuerdo final resultó en una regulación más estricta de la IA, con límites claros para el uso de tecnologías biométricas a distancia y la segmentación por raza, creencias u orientación sexual. Los negociadores creen que este acuerdo servirá como modelo para futuras regulaciones a nivel internacional y garantizará la protección de los ciudadanos y las democracias contra el abuso de la tecnología por parte de las autoridades públicas.
A pesar de la histórica duración de la negociación, la ley europea sobre IA no estará totalmente vigente hasta 2026 debido a la complejidad técnica de su implementación. Será necesario capacitar a expertos y establecer nuevas estructuras para su aplicación, lo que llevará tiempo y esfuerzo.
En resumen, la aprobación de la primera Ley sobre IA del mundo representa un hito en la regulación de la tecnología avanzada y sienta las bases para un uso ético y responsable de la IA en Europa y, posiblemente, a nivel global.




