“Historia del terrorismo en el Perú”

“Historia del terrorismo en el Perú”

Jorge Farid Gabino González

Escritor, articulista, profesor de Lengua y Literatura

La reciente aprobación en el Congreso de un proyecto de ley que declara de “interés nacional y necesidad pública” la enseñanza obligatoria del curso “Historia del terrorismo en el Perú”, el mismo que, de llegar a convertirse en ley la referida iniciativa legislativa, habrá de ser impartido en el nivel secundaria de las instituciones educativas del país, vuelve a poner sobre la mesa una discusión que, por dejadez, por desinterés, por desidia, hemos vendido postergando desde hace ya un buen número de años, pero que, dadas las actuales circunstancias de renovado interés por lo que se daba enseñar o no en las aulas de la educación básica, debería llevarnos, si no a tomar una clara e inmediata posición al respecto, cuando menos a plantearnos la tarea, la impostergable tarea, de poner en agenda su necesaria consideración.

Esto habida cuenta de que, desde la eliminación de los llamados cursos tradicionales del currículo, los niños y jóvenes de todo el país, los de la educación pública, en todo caso, han dejado de ser instruidos sobre una serie de disciplinas fundamentales para la formación integral de la persona. Lo cual, hechas las sumas y las restas, nos deja un innegable saldo negativo. No se necesita ser tan perspicaz, de hecho, para reparar en que hoy sería más fácil encontrar a cierto prófugo exministro del impresentable de Pedro Castillo, que hallar a un estudiante, o egresado, de colegio público que estuviera al tanto, por poner unos ejemplos, de quiénes fueron Abelardo Quiñonez, Raúl Porras Barrenechea o Jorge Basadre.

La razón de tal estado de cosas, como es bien sabido, responde a que al haberse dejado de impartir cursos como “Historia del Perú”, “Historia Universal”, “Geografía”, “Educación Cívica”, “Filosofía”, “Lenguaje”, “Literatura”, “Arte”, entre otros, se ha acabado haciendo que las nuevas generaciones de peruanos sean, salvo contadas e inexplicables excepciones, individuos carentes, por un lado, de un conocimiento de mundo que solo el contacto con disciplinas como la historia, la filosofía, el arte y la literatura nos pueden brindar; y, por otro, de una vinculación, de una necesaria identificación, con ese espacio físico, y, a la vez, también inmaterial, de que está compuesto todo país, indispensable para la forja de la identidad tanto individual como colectiva.

Consecuencia de ello es, a no dudarlo, el que las nuevas generaciones (insistimos: existen excepciones) vean con indiferencia, y hasta con desprecio, todo lo relacionado, por ejemplo, con lo ocurrido en el Perú, y no ya siglos atrás sino incluso hace un par de lustros. Hecho que irremediablemente nos condena, como se sabe, a repetir los errores que como sociedad hemos cometido en algún momento. Lo cual, naturalmente, puede ser aprovechado (y ya lo está siendo) por aquellos sujetos que, conscientes de las consecuencias que acarrea el ser un completo ignorante del pasado, intentan hacernos creer que la historia es como ellos nos la pintan.

¿Que es importante que las nuevas generaciones conozcan la historia del terrorismo en el Perú, para que uno de los momentos más oscuros por los que atravesó el país no se vuelva a repetir? Por supuesto que sí. Como también es importante, claro está, que la mirada que se le dé al asunto sea lo suficientemente abarcadora como para no olvidar los excesos que asimismo se cometieron por parte de las fuerzas armadas. Lo que no quiere decir, sin embargo, no obstante, empero, que perdamos de vista que, si el ejército del Perú llegó, en ciertos casos, a los extremos a los que lamentablemente llegó, lo hizo, y esto debe quedar siempre claro, en respuesta a quienes sembraron el terror en el país.

Así que, si con una ley se busca que los jóvenes del país comiencen a enterarse de lo que en realidad sucedió en el Perú durante la llamada década del terror, sería bueno que a alguno de nuestros ilustrados congresistas se le ocurra también presentar una iniciativa legislativa que declare de “interés nacional y necesidad pública” la enseñanza obligatoria de cursos como “Geografía” o “Educación Cívica”. Que ya nadie sabe, por decir algo, quién fue Javier Pulgar Vidal ni qué carajos son las ocho regiones naturales del Perú. Que ya nadie sabe, por poner otro ejemplo, cuántos son los símbolos de la patria ni qué carajos representan.

Y ya que andamos en esas, tampoco nos vendría nada mal que nos sacaran una leyecita de mierda que declarara de “interés nacional y necesidad pública” la enseñanza obligatoria de los cursos de “Lenguaje” y “Literatura”. Que no son pocos, como diría don Alonso Quijano, los hijos de mil putas que no saben quién carajos fue Cervantes. Que no son pocos los que han de estar haciendo que se revuelquen en su tumba José Rufino Cuervo, Andrés Bello o Fernando Lázaro Carreter, cada vez que dicen “todes” o escriben (porque pronunciarlo es imposible) “todxs” o “tod@s”. A ver si así se nos arreglan en algo las cosas. Que a los peruanos, si no es a punta de leyes, no nos mueve nadie. Si no, pregúntenle al mamarracho ese que tenemos en la presidencia, que alguna vez dijo que en el Perú la ley más importante de todas, y que aún no existe, es la ley que haga cumplir las leyes. ¡Joder!