Por César Augusto Kanashiro Castañeda
“la nube“, un término que ha dejado de ser de uso técnico para saltar al dominio público, en términos informáticos, tiene que ver con la red de servidores alojada en Internet. Hace referencia a los softwares y servicios de almacenaje y transferencia de datos que se ejecutan en Internet, en lugar de hacerlo localmente en un ordenador. Sirve para operar con estos datos en la red sin necesidad de acumular discos duros en casa. A estos servicios se puede acceder a través de la mayoría de navegadores y entre los más populares están: Google Drive, Apple iCloud, Netflix, Dropbox y Microsoft OneDrive.
Una de las grandes ventajas de la nube es que el usuario puede acceder a esta información, la que él mismo ha generado o recibido, desde cualquier dispositivo con conexión a Internet. Puede escribir un documento en Google Docs desde el portátil de casa, editarlo en el auto a través del teléfono móvil y terminarlos en el hotel mediante el ordenador de la estancia. Y lo más importante, en la escritura de ese documento puede participar tanta gente como se quiera.
Lo mismo sirve para las fotos, la música, buscar información de preferencias de las personas, empresa, etc. Libre manipulación y navegación a través de los datos mediante cualquier lugar del mundo con conexión a Internet.
Para entender el funcionamiento de la nube, es necesario conocer su arquitectura, merece la pena pensar en este sistema como dos partes separadas, el front end y el back end. Ambas partes necesitan trabajar en sinergia dentro de Internet.
En el front end se sitúa el ordenador o la red de ordenadores del usuario y el programa que usa para acceder a la nube. Cuando se trata de los correos electrónicos es fácil acceder, porque basta con un navegador de Internet, tipo Google Chrome, Internet Explorer o Mozilla. En otros casos, sin embargo, sí que es necesario contar con una aplicación especializada para poder acceder.
En el back end, en cambio, tenemos los ordenadores, servidores y sistemas de almacenamiento de datos que conforman la nube; cada aplicación suele contar con su propio servidor. Un servidor se encarga de controlar y administrar el tráfico para que la demanda de los clientes quede satisfecha. Por último, para asegurar que los datos siempre estarán accesibles, los sistemas de computación en nube tienen al menos el doble de los dispositivos necesarios para almacenarlos y realizan copias de seguridad en diferentes lugares.
Los inicios de la nube se remontan a la prehistoria de Internet. Pese a que este concepto nación en 1990, algunos pioneros de la computación anticiparon el destino de las redes computacionales en la década de los 60. J.C.R. Liclkider, que participó en el desarrollo de ARPANET, −red de computadoras creada por encargo del Departamento de Defensa de los Estados Unidos−, y John McCarthy, padre del término Inteligencia Artificial, fueron dos de los principales previsores de lo que se convertiría en la nube.
Licklider trazó las primeras ideas de una red computacional global allá por 1962, en discusiones sobre el concepto de ‘Red Computacional Intergaláctica’. Estas ideas contenían gran parte del sustrato de lo que hoy conocemos como Internet. El estadounidense describió en diversos documentos algunas aplicaciones en la red, y predijo el uso de las redes para soportar comunidades de intereses comunes sin importar la ubicación de sus usuarios. Por su parte, MacCarthy opinaba lo siguiente: “La computación algún día estará organizada como un servicio público, así como la luz o el agua”.
Ese es la génesis, pero la aplicación de la nube tal y como la conocemos hoy comenzó en los años 80, cuando algunas tareas empezaron a tomar cuerpo en una red de computadoras en lugar de hacerlo en un único computador. De esta manera, la tarea se reparte entre varias máquinas, exigiendo menos del sistema para entregar el servicio a los usuarios.
El símbolo de la nube se utilizó por primera vez en Estados Unidos, concretamente en el sistema ARPANET. Este sistema es el precedente más claro de Internet, y consistía en una red de ordenadores creada por encargo del Departamento de Defensa de los Estados Unidos entre las diferentes instituciones académicas y estatales.
El término nube empezó a usarse para aludir primero a las redes telefónicas, como una manera de referirse a algo de lo que el usuario no necesita preocuparse, para después trasladarse a la infraestructura computacional. La palabra “nube” fue empleada por primera vez dentro del entorno académico en 1997 por el profesor Ramnath Chellappa, quien lo definió como “un nuevo paradigma de computación”. Después, en 1999, la compañía Salesforce.com fue la primera en introducir el término “software como servicio”, entregando aplicaciones para empresas a través de un sitio web.




