HÉROES ANÓNIMOS

Por: Arlindo Luciano Guillermo
En una sociedad caudillista, con fuerte promoción de la personalidad del líder y la inmadurez en el ejercicio de poder político, los colaboradores, aquellos que no firman leyes ni toman grandes decisiones, que trabajan, sudan la gota gorda y ponen el mejor esfuerzo posible, son los héroes anónimos, de quienes nos vamos a olvidar pronto. Estos héroes anónimos no piden ni se esmeran en salir en la foto de portada ni en la inscripción de sus nombres en una placa recordatoria. A ellos les debemos gratitud, respeto, reconocimiento, un saludo cortés, hacerles sentir que físicamente existen. No exigen homenajes ni un capítulo exclusivo en la historia.
En un operativo policial de gran envergadura, donde se capturan a cabecillas de bandas de marcas, raqueteros o cogoteros, participan oficiales, fiscales y técnicos. Quien se lleva la medalla, públicamente, es el oficial de mayor rango. Los operadores directos, aquellos que hicieron el seguimiento, los trabajos de gabinete y los análisis de movimientos pasan a un segundo plano. Messi, Guerrero o Cristiano Ronaldo son futbolistas visibles de un equipo de once. Sin embargo, otros jugadores, que también aportan con la victoria o responsabilidad en la derrota, son peones con funciones de alfil. Leoncio Prado en Cuba y Huamachuco, Francisco Bolognesi en Arica y Miguel Grau en Angamos, representan nuestros mayores héroes, que dieron la vida, con patriotismo y abnegación, por la integridad del Perú. La tropa que dio la batalla, las mujeres que cocinaban y recopilaban información y alimentos y los centinelas que no pegaban los ojos, no tienen la categoría de héroes. Junto a los líderes hay seguidores, colaboradores, gente de apoyo, aparato logístico, propagandístico y de contingencia.
El poeta y dramaturgo Bertolt Brecht, en el poema Preguntas de un obrero que lee, precisamente, exalta la participación decisiva de ciudadanos que no figuran en el padrón de héroes, próceres ni precursores. Ellos no fueron jefes de un batallón, comandantes de ejércitos, líderes de movimientos sociales ni paladines de grandes ideales universales. Muchos fueron “carne de cañón”, como los miles de jóvenes infantes en la guerra de Vietnam, multitudes que invadieron calles y ciudades, levantaron la voz contra la violencia fratricida, las dictaduras y los gobiernos corruptos y autoritarios. Dice el poeta alemán: “¿Quién construyó Tebas, / la de las siete puertas? / En los libros figuran / solo los nombres de reyes. / ¿Acaso arrastraron ellos / bloques de piedra?
Y Babilonia, mil veces destruida, /¿quién la volvió a levantar otras tantas? / ¿Quiénes edificaron la dorada Lima?, / ¿en qué casas vivían? / ¿Adónde fueron la noche / en que se terminó la Gran Muralla sus albañiles?” Nosotros diríamos: “¿Quiénes fueron los arquitectos de Huanucopampa y del Templo de las Manos Cruzadas? ¿Quién fue el hábil escultor que dejó sus huellas en el par de manos cruzadas de barro? ¿Quiénes fueron los peones que construyeron el puente Calicanto?
En el Perú (que incluye Huánuco), abundan los éxitos de ciudadanos que alcanzaron la cima del éxito, la fama o la popularidad. Detrás ellos siempre hay un mentor, un motivador, un paradigma, una familia, etc. No hay triunfos colectivos. Así las brechas en educación, salud y consumo de agua clorada persisten. No hay una docena de Paolo Guerrero, una media docena de Gastón Acurio. Son mínimas las posibilidades para otro Premio Nobel. Algún día surgirá en Huánuco otro Walker Soberón, el alcalde visionario; otro parlamentario admirable como Carlos Showing Ferrari u otro pensador profético como don Esteban Pavletich, quien en Autopsia de Huánuco (1937), (que debe ser lectura obligatoria para los estudiantes y docentes), había planteado con lucidez la “hoja de ruta” o el “plan estratégico” para el desarrollo de Huánuco.
En una institución pública y privada, al empezar la jornada laboral, vemos las oficinas limpias, olorosas, los pisos brillantes y todo en su lugar. ¿Quién lo hizo? Sin duda, el personal de limpieza o de servicio. Es su obligación hacerlo con el mayor esmero. El piso no brilla por arte de magia. Alguien ha tenido que barrer, echar cera y fregar hasta sacarle lustre. El trabajo de “los de abajo” no se valora, no se reconoce como las utilidades de la inversión, la eficiencia de la empresa y el óptimo desempeño profesional de los directivos. Hoy existen lactarios en las instituciones públicas para que las madres les den de lactar a sus bebés. Todo el resto del día es cuidados por la niñera, quien se encarga de atenderlos hasta el retorno del trabajo de la madre.
Los padres deseamos que nuestros hijos sean felices y exitosos en la sociedad, con las herramientas y habilidades que les hemos proporcionado en la familia y en la escuela. Un ciudadano correcto, idóneo y con virtudes es el resultado de un largo trabajo de educación, consejería y adaptación a distintos escenarios sociales y culturales. Son héroes anónimos aquellas mujeres que trabajan arduamente para sostener a su familia y a sus hijos; también el policía que se enfrenta a asaltantes y al peligro sin pensar dos veces en su propia vida; son héroes anónimos los defensores de la animales que se enfrentar a dueños crueles e insensibles; también los docentes que, en este momento, enseñan con compromiso en escuelas rurales, distantes de la ciudad, donde, con lo mínimo, logran que los estudiantes aprendan a leer, escribir, actuar con responsabilidad y abriguen una esperanza y el derecho de vivir mejor; son héroes anónimos los ciudadanos que defienden la conservación y protección del medio ambiente del deterioro que provoca el hombre mismo y el calentamiento global.
Son héroes anónimos todos los ciudadanos que hacen algo provechoso para beneficio de propio y de los demás. Los héroes anónimos transitan todos los días por las calles de la ciudad, viven en los barrios y asentamientos humanos marginales, en las instituciones, en la escuela, en el hospital, en la comisaría. Ellos actúan y trabajan con decencia y esfuerzo. Nos cuesta hacerlos visibles. Nuestros ojos tienen telaraña que nos impiden verlos y agradecerles. También la vida diaria produce héroes que, generalmente, no están en los anales de la historia.