Contra todos los pronósticos, Haití logró clasificar al Mundial 2026, regresando al torneo tras 52 años. Sin poder jugar en su territorio debido a la crisis política y social, la selección disputó toda la Eliminatoria de Concacaf como local en Barbados, Aruba y Curazao.
El equipo, dirigido por el francés Sébastien Migné —quien nunca ha pisado Haití desde que asumió el cargo—, enfrentó múltiples desafíos logísticos. Aun así, superó a selecciones como Costa Rica y Honduras, quedando primero en su grupo con 11 puntos.
La mayoría del plantel está conformada por futbolistas nacidos en Europa, principalmente en Francia, pero con raíces haitianas. Entre ellos destacan Josué Casimir (Auxerre), Hannes Delcroix (Burnley) y Jean-Ricner Bellegarde (Wolverhampton). La mezcla de talento forjado en el extranjero y un profundo compromiso emocional con su país fue clave en la hazaña.
El capitán Duckens Nazon, previo al partido decisivo ante Nicaragua, resumió el sentir del grupo: “Podemos hacer sonreír a nuestra gente, hacerles llorar de alegría. Démosles eso como mínimo”.
La clasificación de Haití no solo es futbolística: simboliza esperanza para una nación golpeada por la violencia y la pobreza.




