Hablando huevadas, literalmente

Por: Marcos Cancho Peña

Si oyen a un desconocido bromeando sobre un caso de violencia sexual y luego se les acerca para intentar convertirse en su amigo, ¿lo aceptarían? Yo creo que no. Si luego pide perdón y jura que, en realidad, no piensa que eso es gracioso, ¿le creerían? Yo creo que no. Si luego monta un show como si nada hubiese ocurrido, ¿asistirían? Yo creo que no. Si se anima a realizarlo virtualmente, entonces, ¿le regalarían una visualización y, por ende, dinero? Yo considero que no. Porque eso es lo que harían, ¿no? Si fuera un desconocido, claro, no alguien que creen conocer.

A Ricardo Mendoza y a Norka Gaspar creen conocerlos. Esa es la magia de YouTube. Mientras comes, sigues su programa. Y crees que son buenas personas, porque se ríen de lo que a ti te da risa. “Ellos usan el humor negro para hacer chistes. Pero son ‘buena gente’, se les nota”, me dijo uno de mis amigos que es su seguidor, después de que le consultara quiénes eran. Es curioso el espejismo: jamás hablaron contigo, pero crees conocerlos.

El problema con dichos comediantes es que piensan que hacer bromas sobre un delito está bien. El problema es que son parte del problema sin saberlo. Además, el frío discurso suyo pidiendo perdón ni siquiera brindó una reflexión sobre lo que hicieron, y eso se debe a que son incapaces de entender el efecto “bola de nieve”: El acoso sexual es la esfera que va haciéndose más grande mientras cae (con comentarios o bromas al respecto), hasta, finalmente, estrellarse en la sociedad, esa misma que ahora los apoya aludiendo que los ofendidos exageran. Bromear sobre la violencia sexual es normalizarla.

El Ministerio Público se encuentra investigándolos. Es correcto, justo y necesario: otros comediantes se lo pensarán dos veces antes de hacer algo parecido. Pero el poder también está infectado. Y cuando los que tienen galones actúan, los hilos no se manejan de la misma manera. Si no me creen, que lo cuente el presidente Pedro Castillo, que ha designado a José Gavidia como ministro de Defensa, pese a que este arrastra una denuncia de agresión contra su esposa.

Si alguna vez encuentras a un desconocido realizando tocamientos indebidos, hazte escuchar. Apoya. Si eres comediante, ayuda también, pero luego no vayas a contarlo entre risas en uno de tus shows. Mucho menos si eres consciente de que hablas huevadas para entretener.