El presidente del Consejo de Ministros, Gustavo Adrianzén, presentó este 13 de mayo su renuncia irrevocable al cargo, un día antes del debate en el Congreso sobre las mociones de censura que enfrentaba. Su salida se produce en medio de una creciente ola de críticas por su gestión, particularmente por minimizar públicamente el asesinato de 13 mineros en Pataz, hallados desnudos, torturados y sin vida en un socavón.
La presidenta Dina Boluarte había intentado sostener su permanencia mediante una recomposición parcial del gabinete, anunciada horas antes de la dimisión de Adrianzén, con la designación de Raúl Pérez Reyes en Economía, Carlos Malaver en Interior y César Sandoval Pozo en Transportes. Sin embargo, los cambios no lograron calmar la presión parlamentaria.
Adrianzén anunció su renuncia en conferencia de prensa, aludiendo a su “compromiso con la patria” y afirmando que se retira con la conciencia limpia. “Durante el tiempo que ejercí el cargo, lo hice con responsabilidad y sin cometer actos de corrupción”, señaló.
La principal reacción que precipitó su renuncia fue la de Fuerza Popular. En un comunicado, el partido liderado por Keiko Fujimori anunció su voto unánime a favor de la censura, argumentando la reacción tardía del gobierno ante la masacre de Pataz y la “desconexión” del premier con la crisis de seguridad. A ese bloque se sumaron Renovación Popular, Podemos Perú, Somos Perú, Acción Popular y otras agrupaciones como Perú Libre, Avanza País y Honor y Democracia. Los votos reunidos superaban ampliamente el mínimo requerido para destituir al jefe del gabinete.
Ahora, con la salida de Adrianzén, el Ejecutivo se enfrenta a la tarea de designar un nuevo premier, quien podría optar por reestructurar completamente el gabinete o ratificar a los actuales ministros, como ocurrió en anteriores ocasiones.




