La reciente salida de la presidenta Dina Boluarte a Japón, Indonesia y Corea del Sur, acompañada de cinco ministros de Estado, marca un nuevo capítulo en la política internacional peruana. El viaje, programado del 5 al 12 de agosto de 2025 y valorado en casi medio millón de soles, ha generado un intenso debate nacional sobre la pertinencia y el impacto de las giras oficiales en un contexto de alta sensibilidad social y fiscal.
Tras la autorización del Congreso, la comitiva presidencial partió con una agenda estratégica: ampliar el comercio bilateral, establecer contactos de alto nivel y reforzar la imagen de Perú como destino clave para la inversión extranjera y el turismo post-pandemia. La gira contempla reuniones con el primer ministro japonés y el emperador Naruhito, así como actividades oficiales en la Expo Osaka-Kansai y la firma de potenciales acuerdos comerciales con Indonesia y Corea del Sur.
Estrategia, costos y oportunidad
El detalle financiero del viaje revela cifras que han indignado a parte de la población: pasajes y viáticos para la alta comitiva suman S/455,663.96, con asignaciones superiores a los US$7,000 por persona solo en pasajes y US$3,000 en viáticos para cada funcionario clave. Todos estos desembolsos forman parte del presupuesto institucional de cada cartera, de acuerdo a la Resolución Ministerial N° 178-2025-PCM.
Desde el Ejecutivo, el discurso es claro: la gira responde a una estrategia para posicionar al Perú en la vanguardia regional del comercio con Asia. El gobierno subraya que la recuperación del turismo y la atracción de inversiones extranjeras directas dependen, en parte, de la proyección internacional ejercida desde la Presidencia. De hecho, se espera que el sector turístico alcance una cifra récord de 23 mil millones de dólares en 2025, representando cerca del 8% del PBI nacional.
Voces Cruzadas: Defensa y críticas al interior del país
La escena política nacional se ha polarizado con rapidez. En el Congreso, varios legisladores han calificado la gira como un “gasto innecesario” en momentos de carencias urgentes en salud, educación y seguridad ciudadana. Opiniones como las de Patricia Chirinos y Carlos Anderson representaron la sospecha pública respecto al verdadero impacto de estos recorridos diplomáticos, sugiriendo una desconexión entre la agenda del Ejecutivo y las prioridades del ciudadano común.
En contraste, ministros y diplomáticos han defendido la visita aludiendo a la necesidad de conquistar nuevos mercados para exportaciones peruanas y fortalecer relaciones bilaterales, cruciales para la inserción de productos nacionales en potencias asiáticas. También han hecho hincapié en la exigencia de rendición de cuentas: cada integrante de la delegación deberá justificar ante el Legislativo y la ciudadanía el uso de recursos asignados y los resultados concretos conseguidos en la gira.
Objetivos y significado histórico para la política exterior peruana
El viaje presidido por Dina Boluarte no solo persigue acuerdos comerciales; también simboliza la voluntad del Perú de consolidarse como un socio estratégico en Asia, capaz de equilibrar relaciones con potencias como China y Estados Unidos. La visita a Japón incluye la inauguración del Día del Perú en la Expo Universal y la inminente firma de un Tratado de Libre Comercio, mientras que en Indonesia se prevé la suscripción de un ambicioso Acuerdo de Asociación Económica Integral.
En Corea del Sur, el énfasis estará puesto en la cooperación tecnológica y la atracción de inversiones en sectores como la electromovilidad, la infraestructura y la educación superior. El impacto potencial de estos vínculos podría reconfigurar el mapa comercial peruano en la siguiente década.
Mirada a Futuro: Proyección global, exigencia de resultados y desafíos pendientes
Más allá de la polémica, este despliegue diplomático representa una apuesta política de alto riesgo. En un país que exige resultados tangibles más allá del discurso, el éxito del viaje dependerá de la capacidad de la comitiva para traducir acuerdos en empleos, exportaciones y desarrollo de nuevas industrias. El regreso de la delegación está marcado en rojo tanto en la agenda del Congreso como en la opinión pública, que esperan no solo informes detallados, sino impactos que justifiquen la inversión en branding país y diplomacia económica.
El desafío de administrar la frágil confianza social no es menor. Si la gira se convierte en punto de partida para una etapa de crecimiento sostenido y amistad estratégica con Asia, Boluarte podría dejar huella como la presidenta que dio el salto cualitativo más allá del Atlántico. De lo contrario, el episodio reforzará la percepción de una clase política ensimismada, divorciada de las prioridades nacionales.




