Gas de hospital: ¿arma contra neumonía resistente?

Un innovador estudio abre la puerta a tratar la neumonía resistente en UCI con un gas común, reduciendo bacterias un 99% y salvando vidas.

Científicos de Harvard Medical School han demostrado que dosis elevadas de óxido nítrico inhalado, ya usado en neonatología, pueden combatir eficazmente la neumonía hospitalaria multirresistente en modelos animales, ofreciendo esperanza contra una amenaza global de salud pública.

Según la investigación publicada por The Hindu, la resistencia a los antibióticos se ha convertido en una crisis silenciosa que amenaza con devolvernos a una era pre-antibiótica. La Organización Mundial de la Salud advierte que, si no actuamos, para el año 2050, las infecciones resistentes podrían causar más de 10 millones de muertes anualmente, superando incluso al cáncer como principal causa de fallecimiento.

Un Desafío Urgente: Cerca de 1.3 Millones de Muertes Anuales por Resistencia

La neumonía farmacorresistente es una pesadilla en las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI), especialmente en regiones como la nuestra, donde los recursos son limitados y las opciones de tratamiento son cada vez más escasas. Una de las bacterias más temidas es la Pseudomonas aeruginosa, responsable de aproximadamente una de cada cinco neumonías hospitalarias y conocida por su habilidad para resistir múltiples fármacos. Esta bacteria es especialmente preocupante, contribuyendo a un 30% de las neumonías asociadas a ventiladores, una de las infecciones hospitalarias más letales. Anualmente, las infecciones hospitalarias afectan a 1 de cada 25 pacientes hospitalizados en países desarrollados, una cifra que podría ser mayor en contextos con menos infraestructura.

¿Podría un gas familiar ser la clave contra superbacterias?

Un equipo de investigación de Massachusetts General Hospital, afiliado a Harvard Medical School en Boston, ha revelado un posible aliado inesperado: un gas ya utilizado en el cuidado neonatal. Su estudio, publicado en Science Translational Medicine, sugiere que una dosis alta de óxido nítrico inhalado podría erradicar la Pseudomonas resistente a medicamentos. El óxido nítrico es producido naturalmente por el cuerpo humano y se usa a dosis bajas (típicamente entre 20 y 80 ppm) para dilatar los vasos sanguíneos pulmonares en pacientes con insuficiencia respiratoria aguda. Sin embargo, la innovación radica en la decisión de probar concentraciones mucho más elevadas, guiados por hallazgos previos de 2021 que indicaban una actividad antimicrobiana a partir de 300 ppm.

El óxido nítrico: de vasodilatador a superhéroe antimicrobiano

Lorenzo Berra, profesor asociado de anestesia en Harvard Medical School y autor principal del estudio, explicó que “a las dosis bajas comúnmente usadas, el óxido nítrico actúa principalmente como un vasodilatador pulmonar selectivo”. La clave de este nuevo enfoque radica en la concentración: sus colegas descubrieron el “racional biológico para seleccionar 300 ppm como el umbral requerido para la actividad antimicrobiana”.

¿Qué tan prometedores son los resultados en el laboratorio?

Para simular un entorno de UCI humana, los investigadores llevaron a cabo un estudio con 16 cerdos ventilados, a los que se les indujo neumonía con P. aeruginosa multirresistente. Durante tres días, la mitad de los animales recibió ráfagas cortas y repetidas de óxido nítrico inhalado a 300 ppm, mientras que la otra mitad solo recibió atención de apoyo estándar, sin antibióticos. Los resultados fueron asombrosos: los animales tratados mostraron un 99% menos de bacterias en sus pulmones, además de una mejor oxigenación y función pulmonar. Los autores sugirieron que el gas podría restaurar la señalización química pulmonar, permitiendo una transferencia de oxígeno más eficiente y reduciendo la necesidad de fármacos para mantener la presión arterial, con un efecto persistente durante los primeros dos días críticos.

Obstáculos técnicos y financieros: el camino a la implementación

Aunque los hallazgos son esperanzadores, el camino hacia la implementación en hospitales, especialmente en regiones como Huánuco, presenta varios obstáculos. Los sistemas estándar en la mayoría de los hospitales están limitados a 80 ppm, y la administración de dosis más altas, como 300 ppm, requiere maquinaria especializada y personal capacitado. “El mayor obstáculo sería técnico, operativo y de monitoreo, no biológico”, afirmó el profesor Berra. Además, el desarrollo de un nuevo antibiótico puede llevar entre 10 y 15 años y costar más de mil millones de dólares, haciendo que una solución como esta, que reutiliza un gas existente, sea atractiva desde una perspectiva de inversión en salud.

La cautela es vital: más pruebas por delante

Paul H. Edelstein, profesor de patología en la Universidad de Pensilvania, apoyó la posibilidad de este tratamiento, pero instó a la cautela. Señaló que, aunque los animales mejoraron inicialmente, “sus pulmones se volvieron más rígidos y menos capaces de oxigenar la sangre mientras aún estaban bajo el gas”. Advirtió sobre los posibles efectos tóxicos del óxido nítrico, como la elevación de metahemoglobina (que bloquea la entrega de oxígeno) o daño pulmonar directo, aunque los investigadores mantuvieron los niveles de metahemoglobina en un pico de 4.5%, bien por debajo del umbral de seguridad del 10%, durante una pequeña fase 1 con 10 voluntarios sanos que inhalaron el gas 30 minutos, tres veces al día por cinco días. También se probó la viabilidad en 2 pacientes críticos.

¿Estamos ante el principio del fin de la resistencia antimicrobiana?

A pesar de estas advertencias, la idea de un tratamiento que reduce en un 99% la carga bacteriana sin depender de nuevos antibióticos es revolucionaria. Este estudio representa un punto de partida crucial, aunque, como enfatiza el profesor Berra, “probar que este tratamiento mejora los resultados del paciente requiere un ensayo clínico de eficacia dedicado”. El reto ahora es traducir estos prometedores resultados en ensayos a gran escala que demuestren beneficios duraderos en pacientes humanos, abriendo una nueva agenda de investigación que podría salvar innumerables vidas en nuestras UCI, desde Huánuco hasta cualquier rincón del mundo, donde la resistencia a los antibióticos cobra un precio cada vez más alto. La esperanza es tangible, pero el camino aún es largo y requiere un esfuerzo global para superar los desafíos técnicos y clínicos en los próximos 5 a 10 años.

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