Francia homenajeó a sus campeones

Las imágenes dieron la vuelta al mundo. Una fuerte tormenta cayó sobre Moscú y sobre Francia a la hora en la que los Bleus se proclamaron campeones del mundo. El capitán Hugo Lloris, recibió la Copa Mundial en medio del chaparrón. Y a la tromba de agua se sumó de repente un diluvio de confeti dorado en el estadio Luzhniki. Fueron instantes únicos.
En ese mismo momento, una tempestad de alegría se abatió sobre toda Francia. Bocinas, cánticos, gritos…todo un país en éxtasis. De Lille a Marsella pasando por Lyon y Burdeos, la gente se echó a las calles para celebrar el segundo título mundial. Una fiesta generalizada que aún seguía el 16 de julio.
Los periódicos marcaron desde bien temprano el tono de la jornada: “¡Una alegría eterna!”(L’équipe), “¡Otra vez!” (Libération), “¡Os queremos!” (La dépêche du midi), “¡Gracias!” (La voix du Nord), “En una nube” (Le Parisien)… Francia quería seguir en su paraíso particular y los festejos se prolongaron. No se había visto algo así en 20 años.
La selección aterrizó en el aeropuerto Roissy Charles de Gaulle a las cinco de la tarde. Antoine Griezmann, Paul Pogba, Kylian Mbappe y compañía se dirigieron a continuación hacia la avenida más célebre de Francia, donde el público esperaba impaciente. A las siete su autobús llegó a los pies del Arco del Triunfo. Todo era azul, el autobús, el cielo, la gente. La alegría lo inundaba todo.
Una vez concluida la larga e intensa comunión con la afición, los jugadores acudieron al Palacio del Elíseo para recibir el solemne agradecimiento del presidente de la República, Emmanuel Macron.