La interrupción de al menos un mes en la transferencia del Foncomun al centro poblado de Pachachupán, en Chinchao, ha revelado la fragilidad con la que operan los gobiernos locales más pequeños. Con S/ 60 mil recibidos durante 2025, según informó el alcalde Nilo Salgado Julca, esa municipalidad financió mejoras en una carretera local, mantenimiento de un estadio, recuperación de locales comunales y la construcción de un espacio multiuso aún en etapa final. Un solo retraso alteró compromisos asumidos en un presupuesto que se distribuye a lo largo de 12 meses.
La dimensión del problema se entiende mejor en proporciones. Pachachupán alberga aproximadamente 3,000 habitantes, de acuerdo con Salgado Julca. Los S/ 60 mil anuales equivalen a S/ 20 por persona para cubrir infraestructura, mantenimiento y servicios básicos. “Nos hemos sentido un poco mal, porque confiados de eso hemos hecho algunos trabajitos”, declaró el alcalde, aludiendo a deudas generadas tras la interrupción. Cuando un mes sin depósito desordena la ejecución de todo un año fiscal, la autonomía municipal queda condicionada a decisiones ajenas.
El caso adquiere mayor gravedad si se observa la situación de la carretera Pachachupán–Pillao. El proyecto tenía un plazo de 120 días, pero se aproxima a cumplir un año sin concluirse, según denunció el burgomaestre. La vía, clave para el transporte de carga y el tránsito cotidiano, solo ha recibido una limpieza parcial reciente. El alcalde cuestionó la calidad del empistado y sostuvo que el material aplicado se desprende ante el paso de vehículos pesados con destino a Pillao.
No se trata solo de tiempos de obra. Para 3,000 personas, una carretera en estado “pésimo”, como la calificó Salgado Julca, encarece el traslado de productos agrícolas, limita el acceso a servicios y reduce oportunidades económicas. La promesa de reinicio en abril, comunicada por la alcaldesa de Pillao según el propio alcalde, abre un compás de espera que ya supera ampliamente los 120 días previstos.
La amenaza de protestas si no se regularizan las transferencias o no se reactiva la obra introduce un componente político inevitable. El Foncomun no es una concesión discrecional; es un mecanismo que sostiene a municipios con recursos mínimos. Cuando S/ 60 mil anuales financian cuatro frentes de intervención y un solo mes de retraso altera la planificación, la descentralización deja de ser una política y se convierte en incertidumbre administrativa.
Pachachupán no discute cifras millonarias ni megaproyectos. Discute S/ 20 por habitante al año y una carretera inconclusa tras casi 12 meses. Si esos estándares son insuficientes para garantizar continuidad y previsibilidad, la pregunta trasciende a un centro poblado: ¿qué tan sólida es la arquitectura financiera que sostiene a los gobiernos locales más vulnerables?




