En lo que analistas internacionales consideran un momento decisivo para la diplomacia global, los presidentes de Estados Unidos, Donald Trump, y de Rusia, Vladímir Putin, sostendrán este viernes 15 de agosto en Anchorage, Alaska, una reunión centrada en la guerra de Ucrania y el control de armas nucleares estratégicas.
De acuerdo con la información oficial divulgada por el Kremlin y la Casa Blanca, el encuentro se realizará en la base militar conjunta Elmendorf-Richardson e incluirá una reunión privada, seguida de una conferencia de prensa conjunta.
Fuentes diplomáticas rusas señalaron que el objetivo central es explorar vías para un alto el fuego en el conflicto ucraniano, mientras que la delegación estadounidense ha adelantado que se discutirán también garantías de seguridad para Ucrania fuera del marco de la OTAN.
Putin, según sus propias declaraciones, calificó los esfuerzos estadounidenses de “enérgicos y sinceros” para buscar el fin de la guerra. Trump, por su parte, manifestó que espera que este primer acercamiento sirva para “sentar las bases de un acuerdo de paz”.
El mandatario estadounidense no descartó que el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, pueda sumarse a una eventual segunda reunión en Alaska. Trump explicó que este formato tripartito podría acelerar los acuerdos y consideró que el estado norteamericano sería “el lugar más fácil” para que los tres líderes mantengan conversaciones directas.
En este primer encuentro, sin embargo, la presencia de Zelenski no está prevista. La agenda bilateral incluye, además de la cuestión ucraniana, discusiones sobre control de armas nucleares estratégicas y posibles mecanismos de cooperación económica.
Expertos consultados por medios internacionales advierten que, aunque no se espera la firma de acuerdos inmediatos, los gestos y mensajes de esta cumbre podrían influir en futuras negociaciones multilaterales.
Esta reunión marca el regreso de Putin a territorio estadounidense tras diez años de ausencia. Su última visita ocurrió en septiembre de 2015, cuando asistió a la Asamblea General de la ONU en Nueva York y se reunió con el entonces presidente Barack Obama para tratar temas como Siria y las tensiones posteriores a la anexión de Crimea.
Desde entonces, las relaciones entre Washington y Moscú se han deteriorado por sanciones económicas, incidentes militares y crecientes diferencias geopolíticas.




