Por: Leonardo Rosales Chávez
En Llicua con mayor arraigo se realiza la fiesta de las cruces. En tiempos muy remotos conocieron en la bóveda celeste la constelación cruz del sur formada por cuatro estrellas rutilantes y desperdigadas. En Noviembre la cruz desaparece y se torna horizontal. Aparece en los siguientes meses inclinada hacia el este hasta el 30 de abril que marcaba la estación de maduración de frutas en toda la región yunga fluvial.
Los primeros días de mayo poco a poco se va tornando vertical al plano horizontal que pasa por el pie del eje mayor de la referida constelación como si estuviera pivotado en algún punto del polo sur de la referida esfera celeste. Permanece en dicha posición todo el mes de mayo. Según el padre Julio Zevallos Alfaro (fallecido) era la estación que marcaba la madurez de los pastos como en su pueblo natal Baños. Celebran en los pueblos andinos de Huánuco con picante de cuyes.
En Junio la Cruz del Sur se inclina hacia occidente e indica que las cosechas han comenzado en las partes altas de los valles andinos como el maíz de cancha de caña dulce, las calabazas quinua, quiwicha, etc., en Cusco se celebra con la fiesta del Inti Raymi. Con el advenimiento del cristianismo y la llegada en 1545 de los primeros misioneros a Huánuco se tradujo la constelación Cruz del Sur al madero donde Cristo murió. En la actualidad, en la capilla de Llicua desde entonces se adornan dos cruces de mayo con blancas y aromáticas azucenas conforme se puede verificar.
En 1845 llegaron a Huánuco los misioneros franciscanos para conmemorar 300 años de evangelización y llamaron a la Cruz en la capilla con su propio nombre “Cruz de Mayo Misión”. Los misioneros en mención fueron servidos en Llicua con locro de gallina en pukos o allpa platos. Desde entonces cada 3 de mayo las cruces son visitadas por las damas huanuqueñas y católicas que llevan ofrendas; aromáticos jazmines de novia que aún crecen en las casas solariegas de Huánuco junto a las madreselvas que trepan por las paredes revocadas con barro apisonado. Según anotan reverentes las distinguidas damas llicuinas Doña Apolinaria y Nicolasa Calderón Morales.



