Feliz día de los vivos

Escrito por: Marcos Cancho Peña

Empieza mañana, pero se los digo hoy: Feliz día de los vivos. La tradición es la del Día de los muertos; sin embargo, me niego a seguir escribiendo sobre la muerte. Ya es suficiente con todo lo acontecido en el 2020: el mundo supera el millón de fallecidos por el nuevo coronavirus. Y mañana empieza el Día de los muertos… me resisto. La tradición festeja la memoria de los difuntos, pero este año ha sido completamente de ellos, de los que amamos y ya no están.

Octubre no fue morado, fue negro, como todos los meses pasados. El clásico “¿Dulce o truco?” nunca fue tan real como hoy. Ahora conocemos de ambos, aunque de forma distinta. Los dulces que coleccionamos son las pastillas: Valproato Sódico para la ansiedad ocasionada por el encierro de la cuarentena, Clonazepam para obligarnos a descansar, Azitromicina por si el virus invade (aunque algunos médicos no la recomienden). Mi hogar es una calabaza, y mis dulces jamás habían sido tan repugnantes.

La circunstancia obligó a los peruanos a conocer de trucos: la madre soltera tuvo que aprender de magia para “aparecer” dinero, el padre desempleado aprendió a “convertir rocas en monedas” por su familia. Esos trucos conocemos, los que se hacen a pura chamba, sin sombrero ni varita. Además, no hizo falta comprar disfraz para este 31 de octubre. Ya lo llevábamos puesto desde el inicio del año. El nuevo kit del horror está conformado por mascarilla y protector facial. Esta noche, por las calles no acechará Pennywise ni Krueger, pero sí el COVID-19.

Mi amigo murió hace una semana. Se llamaba Martín. Al partir, se convirtió en un número, perdió su identidad, se transformó en estadística. Ahora es uno de los más de 30 mil peruanos fallecidos por el nuevo coronavirus. Por eso no quiero hablar del Día de los muertos, porque ya me harté de la muerte, porque ya entendí que es real, porque ya experimenté su presencia y me aterra.

Mañana pienso celebrar el Día de los vivos, festejar que aún seguimos aquí: jodidos, estresados, derrotados, pero vivos. Si aún respiramos después de 10 terribles meses es porque algo estamos haciendo bien. No bajemos la guardia. Continuemos usando disfraz, sigamos haciendo trucos, tratemos de sobrellevar la situación sin dulces. Feliz día de los vivos.