Fé Rojiblanca (sí, con tilde)

Escrito por: Marcos Cancho Peña

Ya sé. Pedro Castillo prefiere cantar antes que mostrar liderazgo y los ascensos militares están envueltos en polémica. Lo sé, nuestro país está en llamas, pero les pido una chance. Una chance para tomar un respiro y sonreír. De tanto escribir sobre política me siento sucio. Y es una vez por semana, los sábados, que mis manos se manchan. Por eso les pido una chance, un penal desde los doce pasos. Ayer Perú goleó. Se sintió capaz y lo demostró. Yo soy un hincha que múltiples veces se ha remendado el corazón. Son 21 años de muchas penas y pocas glorias, pero bastante fé. Esa fé que no se compra en el mercadillo, ni se fabrica por docena. Fé genuina. Fé con tilde. Sí, porque es una fé diferente: fé rojiblanca.

Hace más de un año, después de haber caído por 4-2 ante Brasil, escribí una columna en la que aseguraba que clasificaríamos al Mundial. Hemos afrontado derrotas, victorias y empates. Restan cinco fechas para el final del torneo clasificatorio y mantengo mi posición. Clasificaremos. Ahora sé que no será caminando. Quizá sea arrastrándonos, admirándonos de haber sobrevivido a los golpes, pero lo haremos. Porque el equipo merece una revancha con el Mundial. Y volver a cantar el himno con la mano en el pecho.

El próximo duelo será ante Venezuela. Perú no gana en Caracas desde 1998, año en el que goleó por 3 a 0. La Vinotinto es un rival accesible, el juego que muestra no es bueno y eso explica que se encuentren en el último lugar de la tabla. Sin embargo, ya antes hemos pecado de soberbios y nos ha ido mal. Un claro ejemplo es aquel partido contra El Salvador, en el 2016. En los papeles, nuestra selección era muy superior, pero caímos 2-0 y eso que el país de Centroamérica solo disparó una vez al arco. Urge ir creyendo que somos capaces, pero con cautela.

Restan cinco fechas. Debemos hacernos invencibles como locales y aguerridos como visitantes. Ya no hay tiempo para vacilaciones, con 14 puntos estamos en la lucha directa por un cupo. En esta recta final, una caída podría significar nuestra lápida. Nosotros, los hinchas, ya conocemos esta presión. Porque somos de los que apretamos los dientes hasta en los amistosos, los que no bajan los brazos hasta el pitazo final, los que tienen una fé con tilde. Esa fé que es imposible de definir en su mayoría, porque no tiene forma ni rastro. Pero lo que sí tiene es color. Rojiblanca, como la bandera.