Según la investigación publicada por The New York Times, Philip Sunshine falleció el 5 de abril en su hogar en Cupertino, California. Su deceso fue confirmado por su hija, Diana Sunshine.
Antes de que el Dr. Sunshine y otros pioneros se dedicaran al cuidado de los bebés prematuros a finales de los años 50 y principios de los 60, la tasa de mortalidad infantil entre estos pacientes extremadamente vulnerables superaba el 50%. Además, la atención médica para estos niños a menudo no estaba cubierta por los seguros de salud, lo que agravaba aún más la situación.
Sunshine, inicialmente un gastroenterólogo pediátrico, vislumbró el potencial de salvar muchas de estas vidas. En Stanford, impulsó la creación de equipos multidisciplinarios de médicos para atender a los recién nacidos en unidades especializadas. Junto a sus colegas, fue pionero en el desarrollo de métodos de alimentación con fórmulas específicas y en la utilización de ventiladores para asistir la respiración de estos pequeños pacientes.
En una entrevista concedida al Pediatric History Center de la American Academy of Pediatrics en el año 2000, el Dr. Sunshine comentó: “Fuimos capaces de mantener vivos a bebés que no habrían sobrevivido”. Añadió con cierta modestia: “Y ahora todo el mundo simplemente lo da por sentado”. Este comentario refleja la magnitud del cambio que su trabajo y el de sus colegas generaron en la práctica médica.
Los primeros años de la década de 1960 representaron un punto de inflexión en la atención de los recién nacidos prematuros. La creación de las primeras unidades de cuidados intensivos neonatales, como la de Stanford, coincidió con el reconocimiento formal de la neonatología como una especialidad médica. El término “neonatología” fue utilizado por primera vez en el libro “Diseases of Newborn” (1960) del pediatra Alexander J. Schaffer, consolidando así esta nueva rama de la medicina.
Un evento que contribuyó a la concienciación pública sobre los desafíos que enfrentaban los bebés prematuros fue el fallecimiento de Patrick Bouvier Kennedy, hijo del entonces presidente John F. Kennedy, en 1963. El bebé nació prematuro, con casi seis semanas de antelación, y falleció 39 horas después. La cobertura mediática de esta tragedia llevó a que las autoridades sanitarias federales aumentaran la asignación de fondos para la investigación neonatal. Este suceso, aunque trágico, sirvió para impulsar el desarrollo y la mejora de los cuidados para los recién nacidos prematuros.




