El mundo de las matemáticas aplicadas y la computación de alto rendimiento está de luto tras el fallecimiento de Peter Lax, un pionero cuyo trabajo en la intersección de la teoría matemática y su aplicación práctica transformó radicalmente la forma en que los científicos abordaron los desafíos técnicos durante la Guerra Fría. Desde el diseño de aeronaves y armamento hasta la predicción del tiempo, Lax, a través de su innovadora investigación, dejó una huella imborrable. Falleció el viernes en su hogar de Manhattan a la edad de 99 años, dejando tras de sí un legado científico incalculable en la historia de la computación moderna.
Según la investigación publicada por The New York Times, la noticia de su deceso fue confirmada por su hijo, el Dr. James D. Lax, quien informó que la causa fue amiloidosis cardíaca, una condición que afecta el funcionamiento del corazón.
En los albores de la era de la computación, el Dr. Lax, originario de Hungría, se erigió como un líder visionario al desentrañar el potencial de la nueva tecnología para resolver problemas matemáticos complejos. Su capacidad para analizar fenómenos naturales, tecnológicos y bélicos, con una precisión sin precedentes, lo convirtió en una figura clave en el desarrollo de soluciones innovadoras. Sus avances teóricos y su liderazgo en la creación de infraestructura de computación a gran escala facilitaron la predicción de fenómenos tan diversos como frentes de tormenta, ondas de choque e incluso fluctuaciones en los mercados financieros, revelando el amplio abanico de aplicaciones de su trabajo.
Un hito en su carrera fue la obtención del Premio Abel en 2005, un reconocimiento sin precedentes para un matemático aplicado, y considerado el equivalente al Premio Nobel en el campo de las matemáticas. La ceremonia de entrega tuvo lugar en Oslo, Noruega, y honró sus contribuciones fundamentales a las ecuaciones diferenciales parciales, el lenguaje matemático que describe el movimiento y el flujo de la materia. La declaración del premio lo describió como “el matemático más versátil de su generación”.
La participación del Dr. Lax en el campo emergente de la computación electrónica surgió de su trabajo de investigación en armamento durante la guerra. Entre 1945 y 1946, mientras trabajaba en el Proyecto Manhattan en Los Alamos, Nuevo México, realizó intrincados cálculos cruciales para el desarrollo de la bomba atómica, una experiencia que marcaría profundamente su trayectoria profesional.
Posteriormente, su labor en el Instituto Courant de Ciencias Matemáticas de la Universidad de Nueva York transformó la dirección del campo de la computación, impulsando el uso de ordenadores en el análisis de sistemas complejos. Desempeñó un papel fundamental en la formulación de políticas gubernamentales que conectaron recursos informáticos civiles y militares, lo que condujo a la creación de grandes centros de computación nacionales. Estos centros ampliaron el alcance de las supercomputadoras en la ciencia y la ingeniería, preparando el terreno para la actual era del big data. En un artículo de 1989, el Dr. Lax comparó el impacto de las computadoras en las matemáticas “con el papel de los telescopios en la astronomía y los microscopios en la biología”.
Cabe destacar que Lax no solo fue un brillante matemático, sino también un defensor de la conexión entre la teoría y la práctica. Su trabajo en el desarrollo de modelos matemáticos para la predicción del tiempo no solo avanzó la ciencia, sino que también mejoró las capacidades de respuesta ante desastres naturales. Además, su colaboración con economistas en el desarrollo de modelos financieros contribuyó a una mejor comprensión de los mercados y a la gestión de riesgos.




