Bomba De Hidrogeno Pantallas Tactiles
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Fallece a los 97 años Richard L Garwin figura clave en la invención de la bomba de hidrógeno

La defensa estratégica de Estados Unidos, y la comprensión de fenómenos cósmicos que van desde la estructura del universo hasta la tecnología táctil que usamos a diario, deben mucho a Richard L. Garwin, un físico de mente brillante cuyo legado trascendió las aulas y los laboratorios para influir directamente en la política y la innovación. Garwin, arquitecto clave en el desarrollo de la bomba de hidrógeno y asesor de múltiples gobiernos, falleció el martes en su residencia de Scarsdale, Nueva York, a la edad de 97 años, según confirmó su hijo Thomas.

Según la investigación publicada por The New York Times, Garwin no solo fue un físico polifacético, sino también un pensador geopolítico que, con tan solo 23 años, participó en la creación de la primera bomba de fusión del mundo, marcando un antes y un después en la carrera armamentística.

Aunque su mentor, el premio Nobel Enrico Fermi, lo describió como “el único genio verdadero que he conocido”, la autoría intelectual de la bomba de hidrógeno se atribuye comúnmente a Edward Teller y Stanislaw Ulam. Sin embargo, fue Garwin quien, basándose en las teorías de Teller y Ulam, diseñó la bomba experimental Ivy Mike en 1951-52, mientras trabajaba como consultor de verano en el Laboratorio Nacional de Los Álamos. Este artefacto, más un experimento que un arma, pesaba 82 toneladas y fue detonado en el atolón de Enewetak, en las Islas Marshall, liberando una energía equivalente a 700 veces la de la bomba atómica de Hiroshima.

Su participación en el desarrollo de la bomba de hidrógeno, un proyecto rodeado de máximo secreto, permaneció en gran medida desconocida para el público durante décadas. Fue Edward Teller quien, finalmente, reconoció públicamente el papel crucial del joven prodigio en 1981. A pesar de este reconocimiento, Garwin continuó siendo una figura relativamente desconocida fuera de los círculos gubernamentales y de inteligencia.

Tras su participación en el proyecto de la bomba de hidrógeno, Garwin se unió a IBM en 1952, donde desarrolló una impresionante variedad de patentes y avances tecnológicos en áreas como computación, comunicaciones y medicina. Sus contribuciones fueron fundamentales para el desarrollo de la resonancia magnética, las impresoras láser de alta velocidad y, posteriormente, las pantallas táctiles. A su vez, continuó asesorando al gobierno en temas de defensa nacional, contribuyendo a la selección de objetivos soviéticos prioritarios y participando en estudios sobre guerra terrestre, marítima y aérea.

Como asesor de numerosos presidentes, desde Eisenhower hasta Clinton, Garwin abogó por un equilibrio estratégico de poder nuclear con la Unión Soviética, argumentando que la disuasión mutua era la mejor garantía para evitar una guerra nuclear. Se opuso firmemente a la iniciativa “Star Wars” de Ronald Reagan, un sistema de defensa antimisiles basado en el espacio. En 2021, se unió a cientos de científicos, incluyendo a varios premios Nobel, para pedir al presidente Biden que Estados Unidos renunciara a ser el primero en usar armas nucleares.

Nacido en Cleveland en 1928, Garwin demostró desde temprana edad una inteligencia y una capacidad técnica excepcionales. Se doctoró en física en la Universidad de Chicago, bajo la dirección de Enrico Fermi, obteniendo las calificaciones más altas jamás registradas en los exámenes doctorales de la universidad. Tras retirarse de IBM en 1993, presidió el Consejo Asesor sobre Control de Armas y No Proliferación del Departamento de Estado hasta 2001. Su legado perdura en sus numerosas publicaciones, patentes y en las tecnologías que ayudó a crear, consolidándolo como una figura clave del siglo XX y principios del XXI.