Fallece a los 91 años Kilmer McCully patólogo marginado por su innovadora teoría sobre las enfermedades cardíacas.

La comunidad científica lamenta la pérdida de Kilmer S. McCully, un patólogo cuyo trabajo pionero sobre la homocisteína como factor de riesgo cardiovascular fue inicialmente rechazado por la corriente principal médica. McCully, que falleció el 21 de febrero en su hogar en Winchester, Massachusetts, a los 91 años, dejó un legado que, aunque tardío en ser reconocido, ha transformado la comprensión de la salud cardiovascular. Su fallecimiento, causado por cáncer de próstata metastásico, no tuvo una amplia cobertura mediática en su momento.

Según la investigación publicada por The New York Times, la teoría del Dr. McCully, que vinculaba niveles elevados de homocisteína con una ingesta inadecuada de vitaminas del grupo B y el consiguiente endurecimiento arterial, desafió el paradigma dominante centrado en el colesterol, un paradigma fuertemente respaldado por la industria farmacéutica. Este enfoque divergente le valió el ostracismo de sus colegas en Harvard Medical School.

El descubrimiento de la homocisteína como un posible culpable en enfermedades cardiovasculares no fue un camino fácil para McCully. Inicialmente, sus superiores en Harvard desestimaron su investigación, relegando su laboratorio al sótano y, finalmente, forzándolo a abandonar la institución. Este rechazo profesional lo sumió en años de dificultades para encontrar empleo, un período que él mismo describió como “traumático” en una entrevista de 1995 con la periodista médica Gina Kolata, del New York Times. En aquella entrevista, McCully expresó su frustración por la incredulidad y el escepticismo que enfrentó al presentar sus hallazgos.

McCully, quien se veía a sí mismo como un “cazador de microbios” al estilo de Louis Pasteur, tropezó con la homocisteína a finales de la década de 1960 durante una conferencia médica en Boston. Allí conoció la homocystinuria, una enfermedad genética caracterizada por altos niveles de homocisteína en la orina de niños con discapacidad del desarrollo. Este encuentro fortuito despertó su curiosidad y lo impulsó a investigar más a fondo el papel de este aminoácido en la salud humana.

Si bien McCully nunca negó la importancia del colesterol, argumentaba que era un error grave ignorar la relevancia de la homocisteína. El enfoque de McCully, aunque controvertido en su momento, anticipó investigaciones posteriores que confirmaron el papel de la homocisteína como un factor de riesgo independiente para enfermedades cardiovasculares. Hoy en día, las pruebas de homocisteína son una práctica común en la evaluación del riesgo cardiovascular, y la suplementación con vitaminas B se reconoce como una estrategia para reducir los niveles elevados de homocisteína.

Es importante recordar que, en los años 60 y 70, la investigación sobre nutrición y enfermedades crónicas estaba en sus primeras etapas. El dogma científico de la época favorecía explicaciones más simples y, en muchos casos, más lucrativas. Además, la influencia de la industria alimentaria y farmacéutica en la investigación médica era, y sigue siendo, un factor a tener en cuenta en la interpretación de los resultados.

El legado de Kilmer S. McCully reside no solo en su descubrimiento científico, sino también en su perseverancia y valentía para desafiar el statu quo. Su historia es un recordatorio de que la ciencia avanza a menudo gracias a aquellos que se atreven a cuestionar las verdades establecidas y a seguir su propia intuición, incluso cuando se enfrentan a la oposición y el rechazo.