Robert Jarvik Corazon Artificial
Robert Jarvik Corazon Artificial

Fallece a los 79 años Robert Jarvik pionero en el corazón artificial

El mundo de la medicina y la ingeniería lamenta la pérdida del Dr. Robert K. Jarvik, el ingeniero principal detrás del primer corazón artificial permanente implantado en un ser humano. Este procedimiento, un hito en la historia de la medicina, desató tanto fascinación pública como un intenso debate sobre los límites éticos de la intervención médica. Jarvik falleció el lunes en su hogar en Manhattan a los 79 años, dejando tras de sí un legado complejo y significativo. Su trabajo, aunque controvertido, abrió un camino crucial en el tratamiento de la insuficiencia cardíaca terminal.

Según el reportaje de Jeré Longman publicado en The New York Times, la causa de su muerte fueron complicaciones derivadas de la enfermedad de Parkinson que padecía. Su esposa, la escritora Marilyn vos Savant, confirmó la noticia, poniendo fin a una vida dedicada a la innovación y al desafío de los límites de la medicina.

En 1982, la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU. (FDA) otorgó a la Universidad de Utah el permiso para implantar lo que se concibió como un corazón artificial permanente en un ser humano. El 2 de diciembre de ese mismo año, el Dr. William C. DeVries lideró el equipo quirúrgico pionero que implantó el modelo Jarvik-7, fabricado con aluminio y plástico, en Barney B. Clark, un dentista jubilado de Seattle de 61 años. Este hecho marcó un antes y un después en la cardiología, aunque también suscitó interrogantes sobre la calidad de vida de los pacientes y el coste de tales intervenciones.

Inicialmente, el Dr. Clark se mostró reacio a recibir el Jarvik-7. Sin embargo, tras verse postrado y dependiente de su familia, cambió de opinión, tal como el Dr. DeVries relató en una retrospectiva universitaria en 2012. La enfermedad cardíaca crónica del Dr. Clark lo situaba a pocas semanas de la muerte. Su decisión, según sus propias palabras, se basó en la esperanza de que, incluso si el procedimiento no funcionaba para él, podría beneficiar a otros en el futuro. La valentía y el altruismo del Dr. Clark lo convirtieron en un símbolo de la experimentación médica.

La intervención quirúrgica, que duró siete horas, reveló la fragilidad del músculo cardíaco del Dr. Clark, que se desgarró al ser removido debido a años de tratamiento con esteroides. Al despertar, el Dr. DeVries relató que el Dr. Clark le dijo a su esposa, Una Loy Clark: “Quiero decirte que, aunque no tengo corazón, todavía te amo”. Esta conmovedora declaración capturó la atención del público y humanizó un proceso que, de otro modo, podría haber parecido puramente técnico.

El Dr. Clark sobrevivió 112 días conectado a un compresor de aire de 400 libras, aproximadamente del tamaño de un lavavajillas, que ayudaba al Jarvik-7 a bombear sangre a través de su cuerpo. Nunca salió del hospital y experimentó convulsiones, insuficiencia renal y la rotura de una válvula del corazón que necesitó ser reemplazada. Falleció el 23 de marzo de 1983, a causa de complicaciones relacionadas con una infección bacteriana del colon. Este desenlace puso de manifiesto las dificultades y riesgos asociados a la tecnología del corazón artificial en sus primeras etapas.

Otros pacientes que recibieron el Jarvik-7, como William J. Schroeder y Murray P. Haydon, vivieron periodos más prolongados, demostrando la viabilidad de la tecnología a largo plazo. Sin embargo, las complicaciones que sufrieron, como accidentes cerebrovasculares, atenuaron el entusiasmo inicial. En enero de 1990, la FDA retiró su aprobación del Jarvik-7, citando preocupaciones sobre el control de calidad del fabricante. A pesar de las controversias, el legado del Dr. Jarvik perdura en el desarrollo de dispositivos de asistencia ventricular más pequeños y menos invasivos, que han mejorado significativamente la calidad de vida de muchos pacientes con insuficiencia cardíaca.