Fajas, cocaína y una ruta de rutina: El operativo que terminó con tres mujeres condenadas a 15 años

La aparente normalidad de un viaje interprovincial entre Tingo María y Huánuco se rompió en segundos: una intervención policial, un registro minucioso y un hallazgo que, según la Fiscalía, reveló un esquema de transporte de droga pegado literalmente al cuerpo. Este miércoles 28 de enero de 2026, el Juzgado Penal Colegiado de Leoncio Prado sentenció a 15 años de prisión efectiva a tres mujeres por tráfico ilícito de drogas en la modalidad de favorecimiento al consumo ilegal mediante actos de tráfico agravado, en agravio del Estado peruano.

El día que el bus dejó de ser un bus

De acuerdo con la acusación fiscal, los hechos ocurrieron el 2 de julio de 2024, durante un operativo de interdicción en el distrito de Mariano Dámaso Beraún. En esa zona, las autoridades intervinieron un automóvil color plata, placa W3P-177, de la empresa “Los Ases de Huánuco”, que cubría la ruta Tingo María–Huánuco.

Las detenidas fueron identificadas como Ingrid Yahayra Castro Ríos (30), Diana Melissa Encarnación Tuesta (26) y Berliht Flores Fasabi (30). Según lo expuesto en el proceso, al momento del registro los agentes notaron irregularidades en la vestimenta y la postura de las pasajeras, lo que motivó una revisión más estricta.

Lo que ocultaban no estaba en la maleta

Fue entonces cuando, siempre según la intervención policial documentada, se hallaron cargamentos ilícitos adheridos al cuerpo de las tres mujeres. Los paquetes estaban sujetados con fajas de distintos colores, un método que busca burlar controles rápidos y evitar que el cargamento sea detectado a simple vista.

Tras la incautación y el pesaje oficial, se confirmó el traslado de 21 paquetes rectangulares con 16 kilos y 090 gramos de alcaloide de cocaína, cantidad que el Ministerio Público consideró compatible con una operación de transporte y no con consumo personal.

Una sentencia que cierra el caso, pero deja preguntas

Los magistrados concluyeron que existían elementos suficientes para responsabilizarlas como coautoras. Mientras tanto, en la zona, el caso vuelve a encender la preocupación cotidiana de los viajeros. “Uno sube para llegar a casa, no para encontrarse con esto”, comentó un vecino consultado tras conocer el fallo, reflejando el impacto en rutas donde el transporte diario convive con el temor.

La sentencia marca un punto final judicial para las tres mujeres, pero deja abierta una interrogante que persiste en cada operativo: ¿quiénes estaban detrás del envío y cuántos viajes similares pasaron desapercibidos?