Explorer: El exoesqueleto “para todo terreno” que transforma la vida diaria de niños con movilidad limitada: “Minerva ahora participa activamente”.

La innovación tecnológica en el ámbito de la salud infantil está abriendo nuevas puertas para mejorar la calidad de vida de niños con movilidad reducida. Un claro ejemplo de ello es el exoesqueleto pediátrico, una herramienta que promete transformar la rehabilitación y la inclusión social. Estos dispositivos no solo ofrecen soporte físico, sino que también impulsan la autonomía y la participación activa en actividades cotidianas. La posibilidad de movimiento se convierte en una llave para desbloquear un mundo de experiencias y aprendizajes.

Según el reportaje de El País, la científica Elena García Armada, fundadora de Marsi Bionics, destaca que la primera reacción de un niño al usar un exoesqueleto es querer jugar. Este juego, enfatiza la ingeniera industrial, puede variar desde patear una pelota hasta realizar acciones tan esenciales como alcanzar un teléfono o lavarse las manos; actividades que fomentan la exploración del entorno.

El Proyecto Explorer, liderado por García Armada, representa un avance significativo en esta área. Este exoesqueleto pediátrico de uso personal, diseñado para hogares y exteriores, es el resultado del trabajo de 45 investigadores de Marsi Bionics, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y cuatro hospitales universitarios de Madrid. Su desarrollo se inspira en Atlas, el primer exoesqueleto biónico para niños con atrofia muscular espinal, una enfermedad que afecta a cerca de 2.000 menores en España. Si bien Atlas demostró el impacto positivo de esta tecnología, su uso se limitaba a entornos controlados, lo que motivó la creación de un dispositivo más versátil y adaptable a la vida diaria.

Explorer se distingue por su capacidad de evolucionar con el niño, abarcando un rango de edad de 2 a 17 años, lo que permite un acompañamiento a lo largo de su crecimiento. Este exoesqueleto “todoterreno” cuenta con cuatro motores que imitan el movimiento natural de los músculos y un asiento automático que facilita la transformación en una silla de descanso integrada. Esta característica promueve la comodidad y el uso continuo del dispositivo en diversas situaciones. Además, el exoesqueleto permite integrar la rehabilitación en la rutina diaria de los niños. Actividades como ir de compras o jugar en el parque se convierten en oportunidades para ejercitar los músculos y fomentar la inclusión social.

La experiencia de Minerva, una niña de seis años con parálisis cerebral, ilustra el impacto positivo de Explorer. Tras participar en ensayos con el Atlas 2030 y, posteriormente, con el propio Explorer, Minerva experimentó mejoras significativas en su movilidad, postura y autonomía. Tal y como relata Roli Arias, la madre de Minerva, la tecnología del exoesqueleto la ayuda a relacionarse con su entorno y a participar activamente en la vida familiar y escolar. La certificación del Explorer, actualmente en proceso, podría convertirlo en una herramienta permanente en el hogar de Minerva, permitiéndole “decidir” y dejar de ser un sujeto pasivo en su propia vida. El proyecto recibió una inversión de 2,2 millones de euros provenientes de los Fondos Europeos Next Generation EU, el CSIC, el Instituto de Salud Carlos III y varios hospitales universitarios de Madrid.