La competencia económica de China ha representado un desafío constante para Europa durante años. No obstante, la situación actual amenaza con transformarse en una crisis económica de proporciones mayúsculas. La capacidad productiva china genera un amplio espectro de bienes a precios artificialmente bajos, incluyendo vehículos eléctricos fuertemente subvencionados, electrónica de consumo, juguetes y acero de grado comercial. Históricamente, gran parte de esta producción se destinaba al insaciable mercado estadounidense.
Según la investigación publicada por The New York Times, la imposición de aranceles significativos por parte del gobierno estadounidense ha generado temor a que un volumen aún mayor de productos chinos se vuelque hacia el mercado europeo, debilitando las industrias locales en Francia, Alemania, Italia y el resto de la Unión Europea. Un dato contextual relevante es que el superávit comercial de China con la UE alcanzó un récord de 396.000 millones de euros en 2023, lo que evidencia la magnitud del desequilibrio.
Las naciones europeas se encuentran atrapadas en medio de la creciente guerra comercial entre Estados Unidos y China. Los líderes europeos enfrentan la compleja tarea de mantener un equilibrio entre la cesión y la confrontación, con la esperanza de evitar convertirse en daños colaterales de esta disputa. La Unión Europea ha intentado, en los últimos años, diversificar sus socios comerciales y fortalecer su autonomía estratégica, pero la dependencia de China como mercado y proveedor sigue siendo significativa.
Liana Fix, investigadora del Council on Foreign Relations en Washington, señala que el desafío de la sobrecapacidad china ha tardado en ser reconocido, pero finalmente ha llegado a las capitales europeas. Existe una creciente sensación en Europa de que es necesario defender y proteger sus intereses. Esta postura se ve reforzada por el aumento de la retórica proteccionista a nivel global y la percepción de que el sistema multilateral de comercio está bajo amenaza.
Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, ha prometido mantener un diálogo constructivo con China, al tiempo que ha expresado su preocupación por los “efectos indirectos” de los aranceles estadounidenses. Von der Leyen ha asegurado que se supervisará de cerca el flujo de productos chinos hacia Europa. El Banco Central Europeo ha advertido sobre el impacto potencial de una escalada en las tensiones comerciales en el crecimiento económico de la eurozona, que ya se encuentra en una fase de desaceleración.
Para abordar esta problemática, se ha creado un nuevo grupo de trabajo encargado de monitorear las importaciones y detectar posibles prácticas de dumping. La Comisión Europea ha estado investigando sectores específicos, como el de los vehículos eléctricos, para determinar si las subvenciones chinas distorsionan el mercado. Además, la UE está considerando la implementación de medidas antidumping y antisubsidios para proteger sus industrias.




