Europa insiste a Trump en que Rusia es el “invasor” de Ucrania

La geopolítica europea se encuentra en una encrucijada ante las señales contradictorias provenientes de Washington respecto al conflicto en Ucrania. La cautela define la reacción de la Unión Europea, que ha optado por no confrontar directamente las ambigüedades de la administración Trump en relación con la caracterización de Rusia como agresor, a pesar de la creciente preocupación por un posible debilitamiento del frente occidental. La visita de altos funcionarios europeos a Kiev, coincidiendo con el tercer aniversario de la invasión, busca reafirmar el compromiso europeo con la soberanía ucraniana y contrarrestar cualquier lectura de abandono.

Según el reportaje de El País, la Unión Europea ha evitado este viernes comentar públicamente las informaciones adelantadas por diarios como The New York Times sobre la presunta negativa de Estados Unidos a calificar a Rusia de agresor en el comunicado conjunto que el G-7 prepara de cara al tercer aniversario del comienzo de la invasión rusa en Ucrania, el próximo lunes.

La diplomacia europea, no obstante, ha intensificado su labor de recordatorio a la Casa Blanca sobre la postura inequívoca de la UE en apoyo a Kiev. Esta estrategia se materializa en un viaje de alto nivel a la capital ucraniana, programado para coincidir con el aniversario de la invasión, en el que participarán figuras clave como la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y líderes como el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez. Este gesto subraya el respaldo político y moral de Europa hacia Ucrania, en un momento en que la cohesión internacional parece tambalearse.

Mientras, Donald Trump, conocido por sus declaraciones impredecibles, ha exhibido una aparente moderación en su retórica. Tras haber culpado al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, de la invasión rusa, Trump reconoció en una entrevista con Fox News que Moscú fue el agresor. Esta fluctuación en el discurso estadounidense genera incertidumbre en Bruselas, que observa con cautela los movimientos de la Casa Blanca y sus posibles implicaciones para la estrategia occidental en Ucrania. Trump mantiene, sin embargo, sus críticas hacia Zelenski, poniendo de manifiesto las tensiones existentes entre ambos líderes.

Una alta fuente comunitaria enfatizó la importancia de no olvidar la responsabilidad de Rusia en el conflicto. La agenda de las reuniones europeas, incluyendo la de ministros de Exteriores, refleja esta postura, manteniendo el tema de “la agresión rusa contra Ucrania” como una prioridad constante. Los Veintisiete, a pesar de las divergencias internas, buscan mantener una línea unificada frente a la agresión rusa, promoviendo la imposición de sanciones y el envío de ayuda militar a Kiev. Sin embargo, la posibilidad de que el G-7 no logre un comunicado conjunto debido a la postura de Washington genera preocupación en Europa, que teme que esto pueda interpretarse como una señal de debilidad en un momento crucial.

La frustración en Bruselas es palpable ante lo que se percibe como un giro pro-ruso por parte de la administración Trump. La decisión de Washington y Moscú de negociar un posible fin de la guerra en Riad, sin la participación de Kiev ni de la UE, ha sido recibida con descontento en los pasillos comunitarios. Esta exclusión se interpreta como un intento de marginar a Europa del proceso de paz y de socavar su influencia en la región. Ante esta situación, la UE ha optado por reafirmar su compromiso con Ucrania, tanto a través de gestos simbólicos como el minuto de silencio y el despliegue de una bandera de combate en el Consejo de Ministros de Asuntos Exteriores, como con medidas concretas como la aprobación del 16º paquete de sanciones contra Rusia.

El contexto se complica con las acusaciones de la Casa Blanca sobre una supuesta falta de respeto de Zelenski hacia Estados Unidos y la negativa de Kiev a ceder el 50% de los derechos sobre sus tierras raras a cambio de protección. Estas tensiones bilaterales añaden un elemento de incertidumbre a la situación, generando interrogantes sobre la solidez del apoyo estadounidense a Ucrania. En este escenario, la Unión Europea se enfrenta al desafío de mantener la unidad entre sus miembros y de contrarrestar la influencia de la propaganda rusa, mientras busca una solución pacífica y duradera al conflicto en Ucrania. Datos contextuales relevantes incluyen la dependencia energética europea de Rusia antes de la invasión, el papel de la OTAN en la seguridad regional y el impacto económico de la guerra en los países de la UE.