Por Arlindo Luciano Guillermo
El viernes 13 de mayo se cumplieron 116 años del nacimiento de Esteban Pavletich Trujillo. Es, indiscutiblemente, el intelectual y prolífico escritor más notable de Huánuco del siglo XX cuya presencia se siente y sobran memoria y gratitud para recordarlo hoy. Le decía Adalberto Varallanos, en carta del 24 de mayo de 1928, a Pavletich: “… oíste la voz de tu tiempo porque ya estás de aventurero, entregándote quizás sí a la muerte, no importa. Esteban, tú eres mozo cuya mañana, los otros no han de perdonar. (…) ¡El tiempo se encargará de hablar de los jóvenes como tú!” Esteban tenía 22 años; Adalberto, 25. Fueron amigos de colegio, compañeros de ruta e ideales y de amistad entrañable. Días antes de fallecer Adalberto, en el sanatorio Olavegoya (Jauja), le escribió a Esteban: “Si alguien te pregunta por mí dile que he muerto por un año”. En 1968, Esteban, con 62 años, con vida reposada y merecidamente serena, escribiría un brillante y exhaustivo prólogo a la obra de Adalberto Varallanos reunida en Permanencia, publicado con el esfuerzo personal de José Varallanos, su hermano menor, historiador y poeta renovador como él.
En el 2006, la Editorial Letra Muerta publicó Los cien años de Esteban Pavletich (107 Págs.) de Andrés Cloud Cortez cuyo propósito fue “propiciar la lectura y el estudio de la obra literaria de Esteban Pavletich, autor clásico de la literatura en Huánuco”. El libro contiene notas y artículos periodísticos publicados en el diario Ahora. Los 18 textos (que incluye una entrevista a Esteban Pavletich, una aclaración sobre la autenticidad de una “frase histórica” de Leoncio Prado y un texto inédito sobre la comedia Entre gallos y medianoche de Enrique L. Vega) abordan, con esclarecimientos necesarios y análisis sincero, la producción poética y narrativa de Esteban Pavletich; queda pendiente el ensayo y los trabajos periodísticos, aunque Autopsia de Huánuco ha sido leído e interpretado desde diferentes perspectivas. “Habida cuenta que no todos los días se cumplen cien años, esperamos que este centenario sea una feliz oportunidad para conocer más de cerca el pensamiento pavleticheano inserto en su obra. No hacerlo sería una grave omisión de lesa cultura”, exhortaba Andrés Cloud hace 16 años. Cloud fue un lector acucioso, compilador de libros y estudioso de la vida y obra de Esteban Pavletich, a quien conoció personalmente, le hizo una entrevista en Lima en 1975 que se publicó en la revista Insurgencia dos años después. A Andrés Cloud siempre lo recuerdo con aprecio y gratitud cuando releo “Bajo la sombra del limonero”, “¡Eso!”, “Usted comadre debe acordarse”, “Con la soga al cuello”, “El eucalipto de Sacramento”. “Práxedes Sudario” o “Ay, Carmela”.
La lectura de los libros de Esteban Pavletich debe ser una obligación moral, un interés académico y una responsabilidad personal. No leer a Pavletich es una desidia mayúscula. El plan lector debe acoger, por ejemplo, Tres relatos (“El pelado” que acusa parecido con “El Caballero Carmelo” de Abraham Valdelomar, “El resentido” e “Ícaro”), las novelas No se suicidan los muertos y Leoncio Prado. Una vida al servicio de la libertad (que todo huanuqueño y, especialmente, los estudiantes y docentes del colegio Leoncio Prado deben leerla como un imperativo solidario) y el extenso poema épico-lírico, en oposición a “Alturas de Machu Picchu” de Pablo Neruda, Revelación de Kotosh. En las universidades, como parte de debate político e ideológico, deben leerse los ensayos que tuvieron aportes, análisis certeros de la realidad de Huánuco y de América Latina: Autopsia de Huánuco y El mensaje de Méjico, escrito este último en el contexto y la secuela de la Revolución mejicana y el liderazgo de Emiliano Zapata. Es necesario leer Un tal Gabriel Aguilar cuyo personaje, del mismo nombre, tuvo la osadía de conspirar contra las autoridades españolas en el Cusco y ajusticiado, por esa razón, el 5 de diciembre de 1805, siete años antes que la rebelión de 1812 en Huánuco y nueve de la batalla de Umachiri donde fue fusilado el poeta y patriota Mariano Melgar. Recordemos que el ensayo de Pavletich es un desagravio del paisano por los maltratos y desconsideraciones de Ricardo Palma en la tradición “Loco o patriota”. El periodismo estuvo cerca de la actividad política e intelectual de Esteban Pavletich. Escribió Bolívar periodista. Hevert Laos, lo reconozco, es el gran difusor de la obra de Esteban Pavletich; sin ese trabajo editorial hubiéramos demorado leer la literatura escrita por Esteban Pavletich.
Yo no hice tesis de investigación para licenciarme en educación y ejercer la carrera en la especialidad de Lengua y Literatura, sino opté por la “clase de suficiencia académica”. En esos años, no había Turnitin ni APA ni redes sociales. En el sorteo del tema salió la “vida y obra de Esteban Pavletich. Aprobé por unanimidad. Julio Armando Ruiz Vásquez y Andrés Cloud fueron los jurados. Ese mismo año, 1992, enseñé en la Unheval Literatura Regional, que hoy Luis Mozombite lo hace con mayores criterios y organización de la información de la literatura huanuqueña desde antes de la conquista hasta hoy. En el curso, semestral o anual, Esteban Pavletich es lectura obligada por exigencia del docente e interés del estudiante.
El mejor homenaje, en los 116 años de nacimiento, es releer a Esteban Pavletich con interés de aprendizaje, reflexión y valoración. No basta que su nombre lleve una avenida larguísima en Amarilis, una escuela primaria o un puente moderno de tránsito vehicular y peatonal. Nadie como don Esteban para dejar libros escritos con pasión, lucidez y trascendencia. Esteban Pavletich no es solo Autopsia de Huánuco ni el político que peregrinó desterrado por países de América ni el secretario de César Augusto Sandino o el director del diario oficial El Peruano. Es el intelectual más notable del siglo XX y el escritor más fecundo de Huánuco. No hay un ciudadano huanuqueño, en estos tiempos, de la talla de Esteban Pavletich, salvo mejor parecer.




