La escalada en la guerra comercial entre Estados Unidos y China ha alcanzado un nuevo punto crítico. La administración Trump, en una medida que tensa aún más las relaciones bilaterales, ha decidido suspender la venta de tecnologías estadounidenses clave a China. Esta acción restrictiva afecta sectores estratégicos como el de motores de avión, semiconductores y ciertos productos químicos, endureciendo las ya complejas dinámicas del comercio global.
Según la investigación publicada por The New York Times, esta decisión responde directamente a las recientes restricciones impuestas por Pekín a la exportación de minerales críticos hacia Estados Unidos. Se argumenta que estas limitaciones chinas amenazan con paralizar las cadenas de suministro de empresas estadounidenses, un factor que ha intensificado la presión sobre la administración Trump para actuar con contundencia.
Esta confrontación sitúa a las dos mayores economías del mundo al borde de una guerra de cadenas de suministro, donde ambas potencias buscan imponer su dominio sobre componentes económicos esenciales. La disputa tiene el potencial de generar repercusiones significativas para empresas que dependen de tecnologías extranjeras, abarcando desde fabricantes de aviones y robots hasta la industria automotriz y el sector de los semiconductores. El impacto se siente especialmente en un momento en que la globalización de las cadenas de valor ha creado una interdependencia compleja y vulnerable a este tipo de conflictos.
La situación podría obstaculizar los esfuerzos para llegar a un acuerdo que ponga fin a la disputa comercial generada por las políticas arancelarias de la administración Trump. Cabe recordar que, el 12 de mayo, negociadores de ambos países acordaron reducir los aranceles punitivos que se habían impuesto mutuamente durante un período de 90 días, mientras buscaban una solución a largo plazo. Sin embargo, estas nuevas restricciones contradicen el espíritu de ese acuerdo y siembran dudas sobre la voluntad real de ambas partes para alcanzar un entendimiento.
A pesar de las declaraciones conciliadoras del Secretario del Tesoro, Scott Bessent, quien afirmó que existía un consenso entre ambas delegaciones para evitar una “desconexión” económica, la administración Trump continúa aplicando medidas punitivas contra China. El Secretario de Estado, Marco Rubio, anunció recientemente que Estados Unidos “revocaría agresivamente” las visas de estudiantes chinos que cursen estudios en campos críticos o que tengan vínculos con el Partido Comunista Chino, lo que añade un elemento de confrontación ideológica a la disputa comercial.
Si bien los funcionarios estadounidenses esperaban que China suavizara las restricciones sobre los minerales críticos tras el acuerdo de mayo, parece que no están satisfechos con los esfuerzos chinos. Aunque Pekín ha reiniciado algunos envíos de imanes de tierras raras, estos han sido limitados, lo que mantiene la preocupación de las empresas estadounidenses sobre su acceso a suministros críticos chinos. En abril, China suspendió las exportaciones de una variedad de minerales y imanes críticos, esenciales para fabricantes de automóviles, aeroespaciales, semiconductores y contratistas militares a nivel global, justificando la medida con la necesidad de crear un nuevo sistema regulatorio.
Estas acciones de Pekín fueron una respuesta al incremento drástico de los aranceles impuestos por Trump a principios de abril, elevándolos a un mínimo del 145%, tras la represalia china a sus aranceles iniciales. Trump ya había impuesto aranceles a docenas de países, alegando prácticas comerciales desleales, y había advertido a otros países que no respondieran de la misma manera. Ahora, la suspensión de licencias para exportar tecnologías clave a China parece ser parte de una revisión más amplia dentro del Departamento de Comercio, que analiza las exportaciones de bienes estratégicos hacia el gigante asiático.
En particular, se ha suspendido la venta de productos y tecnología a COMAC, la empresa aeroespacial estatal china, para el desarrollo de su avión C919, un competidor directo del Boeing 737 y el Airbus A320. Si bien el C919 realizó su primer vuelo comercial en 2023, aún depende en gran medida de proveedores estadounidenses y europeos para componentes críticos, incluyendo motores y sistemas de control. A pesar de los esfuerzos chinos por desarrollar su propia industria aeronáutica, los analistas coinciden en que el país seguirá dependiendo de Boeing y Airbus, así como de empresas como GE Aerospace para motores de avión, durante muchos años.
La administración Trump también parece haber pausado las exportaciones de software utilizado para diseñar chips, vendido por empresas como Cadence, Synopsys y Siemens. Aunque la administración Biden ya había impuesto algunas restricciones a la venta de software para los chips más avanzados, la mayoría de las ventas no se vieron afectadas. China ha intensificado sus esfuerzos para desarrollar sus propios chips avanzados, especialmente desde que Estados Unidos y sus aliados comenzaron a restringir las exportaciones de chips avanzados y equipos para fabricarlos, con el objetivo de frenar el progreso chino en inteligencia artificial. Sin embargo, el país asiático sigue dependiendo de software y maquinaria extranjera para fabricar estos chips.



