Por el Dr. Jorge Luis Carrillo

Los días van pasando…
y tocan mis oídos ese mismo viento
de aquella noche, no descansa, está buscando …
con susurros melancólicos de penas
en el silencio del hoy que se enfrenta
al momento y las circunstancias e
en remolinos sin salidas ¡Que desespera!,
donde el cobijo de esta noche siente frío,
no hay imaginación que vaya dibujando la nada…
y cual pinceladas de sueños termina en lo mismo…
¡La nada! todo se ve vacío, ya no es la soledad
que agobia a un solitario ni la humedad del rocío en los ojos…
No es prioridad del ser, ni es importante el ahora…
la rabia de la piel herida en el camino tampoco lo es…
aunque hieran sus huellas, sino la de estar ahí, ¡ahí!
donde se asoma, no hay palabras, no hay respiro,
no hay palmadas en el hombro que den consuelo aquí,
solo es estar allí…
nada es más que nada sin tu presencia,
sin el amor sublime y las caricias…
solo hay golpes que agitan el pecho,
sin respuestas de mañanas y mi mirar sombrío
solo quiere ver tu imagen en esta noche,
¡Sí!, en esta noche, en el ahora!, ya no más para un mañana…
El juego de prender la lluvia y darle formas en
el universo incierto ¡No arrulla, no calma!, no es
suficiente y letal para eliminar esta sed.
incandescente de sueños heridos de pilares en
ríos que ingresan golpeando el pasado y
esconden los pétalos de rosas que cubren mi
alma…¡Esperándote! ¡Esperándote!… para
que el viento las lleve hasta que las veas y con
el poder de los sentimientos que atados van
como se aferra el crió. Tú puedas entender
que serás capaz de hacer recobrar el aliento
de quien al filo de caer en este vacío, que se
formó en la necia partida, ¡espera, espera!, y
en el baile de las cenizas, pueda juntar el mar
con el cielo y darte la formas, miles de formas
para nuestros días, y las sonrisas con el sol
cuando salga la luna aun en pieles curtidas,
con el calor de los atardeceres perdidos.
Y ahí, en ese momento, no dudes que
estaré, estaré con mis manos extendidas,
quizás agobiadas, quizás cansadas… Si, quizás
también mi cuerpo y mis pensamientos, por el
tiempo estrujado ya cubierto de otoños; pero
no dudes con la ternura de los amaneceres.
Esperándote…




