España, perpetuamente dividida.

En la memoria colectiva reside una España que, históricamente, se percibía a sí misma con modestia en el ámbito deportivo internacional, depositando sus esperanzas, a menudo frustradas, en eventos como Eurovisión. Esta “humildad” autoimpuesta contrastaba con la admiración, a veces ingenua, por figuras menos convencionales, mientras que se mantenía un escepticismo hacia talentos futbolísticos de renombre. Se prefería aplaudir el esfuerzo, incluso cuando el resultado no era favorable, una filosofía que Luis Aragonés intentó cambiar, apostando por el talento puro sin importar la diferencia de estatura física frente a otros equipos.

Según el reportaje de El País, España ha recuperado una posición de liderazgo y autoconfianza en el panorama futbolístico internacional. Este resurgimiento se manifiesta en un optimismo generalizado, palpable incluso en la actitud de los ciudadanos. Se percibe una mezcla de confianza y, posiblemente, cierta arrogancia, un rasgo que emerge cuando la selección encadena victorias de manera aparentemente sencilla. Esta euforia colectiva lleva a una idealización del presente, donde el análisis se convierte en predicción y los jugadores son ensalzados hasta el punto de la idolatría.

La actual selección española, campeona de la UEFA Nations League 2023, ha superado las expectativas, impulsada por un rendimiento que incluso ha captado la atención internacional, como se evidencia en comentarios de figuras como Donald Trump, aunque demuestren desconocimiento de las reglas del juego. Sin embargo, esta “exaltación prematura” podría ser contraproducente. A pesar de un camino “impecable en la clasificación” para la Eurocopa y ostentar el título de campeones de la Liga de Naciones, aún queda un año para el Mundial, un torneo que definirá si esta nueva etapa de triunfalismo está justificada. El riesgo reside en caer en la complacencia, similar a aquellos que niegan su adicción al tabaco en cada calada.

El optimismo es bienvenido, pero debe ejercerse con cautela. Celebrar los logros es legítimo, pero sin caer en excesos que puedan desviar la atención del objetivo final. La selección de Luis de la Fuente ha demostrado su capacidad para vencer a cualquier rival, pero esto no garantiza la victoria. La “historia reciente” demuestra que un exceso de confianza puede llevar a resultados inesperados.

El sentimiento de ser favoritos genera alivio, pero la verdadera prueba llega al momento de demostrarlo. La presión inherente a las expectativas puede convertirse en un lastre, como ha sucedido con otras selecciones de élite. El desafío reside en afrontar el próximo Mundial sin la presión añadida de ser los máximos favoritos, permitiendo que el juego hable por sí mismo. El éxito final demostraría que el entusiasmo y la confianza pueden ser aliados, y no necesariamente preludios de la derrota. La experiencia de la selección femenina de fútbol, campeona del mundo en 2023, sirve como “ejemplo inspirador” de que la ilusión puede traducirse en logros tangibles.