¡ESO!, ANDRÉS

Escrito por: Arlindo Luciano Guillermo

Murió Andrés Cloud, pero, en ese mismo momento, nacía el escritor clásico que siempre Huánuco exhibirá como un estandarte visible a leguas. El mayor legado es la literatura que escribió apasionadamente, las historias literarias que construyó con esmero, paciencia y audacia, los personajes creados con maestría para la posteridad, por los libros publicados con esfuerzo propio, la gratitud de quienes lo escucharon y recibieron consejos y sugerencias para escribir bien y mejor. Los hombres que dejan huellas viven eternamente en la memoria de los ciudadanos y de los pueblos y se convierten en patrimonio público. Ciudadano de carne y hueso, con gran talento literario, lector voraz y escrupuloso hasta el final, con habilidad creativa, cerebral al escribir, lúdico con números, acertijos y nombres; pero también, como es natural, con defectos que supimos tolerar y entender democráticamente en nombre de la amistad y el respeto.   

Hay cuentos, libros y personajes célebres de Andrés Cloud. Usted comadre debe comadre, publicado en 1987, es el libro inaugural. Andrés tenía 46 años. Luego vino una carrera editorial imparable. De los 6 cuentos, 3 dejan perplejos para siempre al lector: El eucalipto de Sacramento, Práxedes Sudario y Con la soga el cuello. El libro más apreciado, editado, vendido y leído es Bajo la sombra del limonero (1998). Desde entonces tiene más de 10 ediciones. El cuento emblemático es del mismo nombre, cuyo personaje es Pibe, un perro casero y estimado por la familia y el barrio; la historia revela la desesperación por el envenenamiento de la mascota y, a la vez, una cátedra de poesía y filosofía sobre la vida y la muerte. Andrés murió el jueves 14 de enero, con el virus dentro; Pibe, el viernes, con estricnina en el estómago, ambos en Congona, el topónimo que simboliza a Huánuco. El narrador reflexiona: “Si es cierto que el alma existe, yo sé que la tuya, Pibe, allá arriba debe estar retozando con los ángeles, muy cerca a Dios, mordisqueando las nubes, contemplando la inmensidad del universo y ladrándole a la eternidad, mientras que yo cada vez más agrio y más desolado, escribo historias tristes de hombres y animales en estas sedientas e inhóspitas tierras de Congona”. Los libros En la vida hay distancias, ¿Eso! y otros sucesos y la antología personal Canción de otoño representan la cúspide de la cuentística de Andrés Cloud. De las tres novelas, ¡Ay, Carmela! destaca por la audacia narrativa, el manejo de la numerología y la criptología y la configuración magistral del personaje femenino. Es una novela que sonroja a la hipocresía, pero deleita a los lectores que sabemos de ficciones literarias. La novela se puede leer como un todo engarzado, pero también como capítulos independientes. Cloud creó un universo de escenarios, personajes e historias.

Al deceso lamentable e irreparable se unieron amigos, medios de comunicación, autoridades públicas y privadas, se izó bandera a media asta en señal de luto y pesar regional. En las redes sociales, la muerte de Andrés Cloud se hizo viral, compartidos, “me gusta”, emoticones tristes y llorosos, de ciudadanos lectores de Huánuco y del mundo. La muerte de Cloud no fue una simple estadística del COVID-19. Los diarios locales, La República y la revista Caretas le dieron cobertura merecida por el trabajo literario y el protagonismo directo y comprometido en el quehacer cultural y literario. Andrés Cloud ingresó al hospital lúcido, seguramente creyendo que del virus fatal saldría victorioso. Jamás dejó de pensar ni de escribir literatura.

Docentes, amigos y lectores de todas las edades lo recordaremos siempre, leyendo y releyendo cuentos de altísimo aprecio y factura: Bajo la sombra del limonero, Con la soga al cuello, Práxedes Sudario, Canción de otoño, la novela ¡Ay, Carmela! En realidad, Andrés Cloud, en vida, ha merecido reconocimientos públicos de instituciones y de certámenes, elogios, halagos, valoraciones de amigos cercanos y de distancia media (como yo) y, principalmente, de lectores aficionados y profesionales. Ricardo González Vigil lo incluyó en la antología del cuento peruano contemporáneo. El crítico literario Manuel Baquerizo Baldeón publicó comentarios elogiosos sobre Andrés Cloud en la revista Expresión Regional. Sobre la narrativa de Cloud se hicieron tesis, monografías, semblanzas, estudios y una biografía breve, pero imprescindible, de Luis Mozombite. Los artículos periodísticos y ensayos escritos por Cloud tienen rigor lingüístico, posición firme y frontal, controversia, rigurosidad de estudio, enfoque y de información. Eso leímos en Ahora y Página 3.

La DRE debe, ahora mismo, emitir una directiva regional para que los libros de Andrés Cloud sean “obligatoriamente” incorporados al plan lector y leídos por los estudiantes de EBR de la región Huánuco. Es cuestión de voluntad, decisión institucional, unas hojas de papel y una firma. Eso sería el mejor homenaje para un escritor que vivió con intensa pasión por la literatura y la difusión de la cultura en Huánuco. En el libro Los cien años de Esteban Pavletich, ACC escribió: “Los libros se escriben y editan no pensando en lectores concretos, pero sí para ser leídos (si releídos y estudiados, mejor) y no para almacenarlos, guardarlos bajo siete llaves o cosas por el estilo”. Los libros, con la orientación del profesor, serían Usted comadre debe acordarse, Bajo la sombra del limonero, En la vida hay distancias, ¡Eso! y la novela ¡Ay, Carmela! Andrés es hoy cenizas (como yo algún día lo seré), pero su existencia es vigente por los libros y las ficciones literarias que deja como herencia a Huánuco y a los lectores.