Al iniciar la semana patriótica, los peruanos nos encontramos una vez más ante la oportunidad de reflexionar sobre el significado profundo de nuestra identidad nacional. Desde las escuelas más remotas hasta las grandes urbes, se aviva el sentimiento patrio, recordándonos la riqueza incomparable de nuestra tierra: la exuberancia de la Amazonía, la majestuosidad de los Andes y la vastedad de nuestro litoral.
Este despertar anual del orgullo nacional nos invita a celebrar nuestra diversidad cultural, nuestras tradiciones milenarias y el folclore que nos define como nación. Sin embargo, en medio de los himnos entonados con fervor y las banderas ondeando en cada rincón del país, es imperativo que nos cuestionemos: ¿Estamos honrando verdaderamente el legado de nuestros antepasados?
La realidad que enfrentamos como nación contrasta dolorosamente con la belleza de nuestro patrimonio natural y cultural. La corrupción, enquistada en diversos niveles de la autoridad, amenaza con socavar los cimientos mismos de nuestra sociedad. Este flagelo no solo desangra nuestros recursos, sino que erosiona la confianza ciudadana y compromete el futuro de las generaciones venideras.
No obstante, la esencia del espíritu peruano reside en su resiliencia y capacidad de superación. Desde el campesino que labra la tierra al amanecer hasta el pescador que se enfrenta a las olas del Pacífico, nuestro pueblo demuestra diariamente una fortaleza inquebrantable. Es este mismo espíritu el que debe guiarnos hacia una renovación de nuestro compromiso cívico.
La verdadera celebración de nuestra independencia debe trascender los símbolos y rituales para materializarse en acciones concretas. Es momento de fortalecer la educación cívica en nuestras escuelas y comunidades, de exigir y implementar mecanismos de transparencia más robustos en la gestión pública, y de fomentar una participación ciudadana activa y vigilante.
El amor a la patria no se mide por la cantidad de banderas izadas, sino por la calidad de nuestras acciones cotidianas en pro del bien común. Cada acto de honestidad, cada gesto de solidaridad, cada esfuerzo por construir un Perú más justo y próspero es una forma de honrar el sacrificio de quienes nos precedieron en la lucha por la libertad.
Mientras nos preparamos para conmemorar un año más de independencia, recordemos las palabras de San Martín: “Somos libres, seámoslo siempre”. Hoy, esa libertad se traduce en la responsabilidad de forjar un destino nacional a la altura de nuestros sueños y potencial.




