Una mañana de celebración se convirtió en tragedia. Un escolar de 17 años del colegio Aichi Nagoya, de Vitarte, murió ahogado en la playa Agua Dulce mientras participaba en una sesión de fotos de promoción junto a sus compañeros. El joven fue arrastrado por una fuerte ola cuando ingresó al mar sin advertir el peligro del oleaje.
Pese a los desesperados intentos de reanimarlo en la orilla y su traslado en ambulancia a un centro de salud cercano, los médicos solo confirmaron su deceso. La noticia ha causado profunda conmoción en la comunidad educativa, donde el menor era conocido por su esfuerzo y responsabilidad: estudiaba por las tardes y trabajaba en confección por las mañanas para apoyar a su familia. Era el mayor de cinco hermanos.
“Salió temprano, sin despedirse… solo dijo que iba a tomarse las fotos con sus amigos. No volvió”, relató entre lágrimas su madre desde la Morgue de Lima.
Según testigos, tres estudiantes fueron sorprendidos por la fuerza del mar. Dos lograron salir con ayuda, pero el tercero fue absorbido por una corriente y permaneció varios minutos bajo el agua antes de ser rescatado. Una madre de familia contó que los alumnos solo querían mojarse los pies cuando la tragedia ocurrió:
“Uno se hunde y jala a los demás. A los diez minutos sale flotando… él fue el que falleció. No había docentes, solo algunos padres de apoyo”, relató a América TV.
Otro de los adolescentes permanece en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), con pronóstico reservado, mientras que el tercero fue dado de alta. Los familiares y compañeros del colegio Aichi Nagoya permanecen en vigilia y exigen esclarecer si hubo negligencia o falta de supervisión durante la actividad.
La Policía y la Fiscalía investigan las circunstancias del suceso y si se emitieron advertencias sobre el estado del mar ese día. Los salvavidas de la zona informaron que el oleaje había aumentado repentinamente, una situación frecuente en octubre debido al cambio estacional.
El colegio lamentó profundamente lo ocurrido a través de un comunicado oficial. “Nos unimos al dolor de la familia de nuestro querido alumno y brindamos acompañamiento psicológico a los estudiantes y padres afectados”, señaló la institución, aclarando que la sesión fotográfica no fue organizada oficialmente por el colegio ni formaba parte del calendario escolar.
La tragedia ha reabierto el debate sobre la falta de medidas de seguridad y control en playas limeñas donde acuden menores de edad sin presencia institucional. Mientras tanto, en Vitarte, el barrio del joven permanece en silencio, con flores y velas frente a su casa, en memoria de un estudiante que soñaba con graduarse y ayudar a su familia.
“Era alegre, responsable, trabajador. Quería ser ingeniero. Se fue antes de tiempo”, dijo su tutor, con la voz entrecortada.
Una jornada de fotos que debía capturar el fin de una etapa terminó marcando el inicio de una tragedia que Lima no olvidará.




